A través de la investigación, la comunicación y la defensa, la ONG está teniendo un impacto político en los sectores de la economía, la seguridad pública, la educación y la justicia climática
¿Por qué las políticas públicas no pueden acabar realmente con la desigualdad racial? Con esta pregunta, los fundadores del Observatorio de la Blancura llegaron a la conclusión de que necesitaban cambiar su enfoque. En lugar de fijarse sólo en los problemas que afectan a la población negra, era necesario identificar cómo se reproducen y, a partir de ahí, proponer nuevas formas de cambiar esta dinámica.
La ONG se fundó en 2022 y trabaja sobre el trípode de la investigación, la comunicación y la incidencia política. «La blancura es un lugar de privilegio material y simbólico», explica Manuela Tamani, cofundadora del Observatorio de la Blancura. «Somos una organización negra que busca la equidad racial desmantelando esta fuerza de poder», prosigue.
Uno de los aspectos más destacados es la investigación sobre infraestructuras escolares, basada en el censo nacional. Los datos muestran que las escuelas públicas donde hay más alumnos negros reciben menos financiación, lo que repercute en el desarrollo de los estudiantes.
Según Manuela, al MEC le han molestado los resultados y ya ha intentado acercarse a la organización. La solución al problema sería reorientar los fondos para que estas escuelas no estén en desventaja frente a otras.
«Cada vez que hacemos un análisis, del tipo que sea, no nos fijamos sólo en el grupo de los blancos, sino en cómo se reinventan los poderes de este grupo. ¿Cuáles son los privilegios relacionados con estos poderes? Nos interesa analizar estas estructuras, estos acuerdos», dice Manuela.
Equidad racial
La investigación del Observatorio se centra sobre todo en cuestiones de economía, educación, seguridad pública y justicia climática. «Hay un poco el mito de que si la contaminación está en todas las ciudades, afecta a todos por igual. Pero los efectos sobre ciertos grupos son desproporcionados», afirma el cofundador.
En el campo del conocimiento, la investigación ha demostrado, por ejemplo, que el conocimiento sigue siendo blanco. «Analizamos las agencias de financiación de la ciencia para saber quién recibe dinero público para investigar sobre temas relacionados con la justicia climática. Y descubrimos que los hombres blancos del sudeste constituyen la mayoría de estos investigadores. Son ellos los que piensan en la Amazonia, en los territorios quilombolas, etc. Este resultado muestra que se mantienen los privilegios».
Otra encuesta muestra que el avance de la extrema derecha está relacionado con el discurso de la supremacía blanca. «Hay un movimiento que opera en los juegos y durante los juegos, los niños y adolescentes están expuestos a ataques misóginos y racistas. Esto hay que combatirlo. Pero también hay que mostrar quién perpetúa esta información», advierte Manuela.
«Hay mucha confusión que piensa que la blancura es sólo sinónimo de gente blanca. Y no es de eso de lo que estamos hablando. Hablamos de poder. Estamos observando estos espacios, con predominio de gente blanca, y con un tipo muy específico de actuación como grupo.»
Observar la blancura
Manuela señala que el racismo en Brasil tiene algunas características que lo hacen más difícil de enfrentar. «El racismo aquí todavía está velado», dice.
«Y siempre es bueno recordar que no vivimos en una democracia racial. Todo el mundo imagina que somos iguales, porque tras el fin de la esclavitud, todo el mundo pudo circular libremente en Brasil, a diferencia de Estados Unidos, donde había leyes de apartheid. Sin embargo, cuando miramos los datos por razas, empezamos a darnos cuenta de que hay una serie de diferencias entre blancos y negros».
La investigación del Observatorio revela, por tanto, que la desigualdad en Brasil no se limita a una cuestión de clase. «Cuando vemos casos de hijos de cónsules negros que siguen siendo abordados por policías de forma súper truculenta, ¿qué explica eso? Ellos también tienen dinero y, según esta lógica de clase, no deberían ser tratados así. Así que a los brasileños no les gusta admitirlo, pero de hecho la raza es una cuestión que divide a nuestra sociedad», dice Manuela.
Disputar el conocimiento
Para Manuela, la producción de conocimiento es fundamental para lograr la equidad racial. «La idea de investigar es comunicar y tener un impacto político. Y cuando hablamos de incidencia política, es para cambiar las políticas públicas. Ahí es donde radica nuestro impacto», afirma.
Y subraya que no se trata de una cuestión personal. «El debate que tenemos es siempre en las esferas de poder. No hablamos de lo que puede hacer un blanco individual».
De este modo, el Observatorio es una organización que defiende la equidad racial a través de la responsabilidad colectiva y no individual.
«Haciendo un paralelismo, dejar de usar pajitas no va a resolver el problema climático mundial. Está bien, pero no se puede culpar al que usa pajitas como si fuera el gran villano. Los grandes villanos son las industrias que contaminan, las personas que están detrás de ellas y toman las decisiones, y los políticos que no promulgan leyes para evitar la degradación del medio ambiente».
«No creamos una organización para sensibilizar necesariamente a los blancos. Queremos poner información en el debate para sensibilizar a quienes estén abiertos a ella. Tenemos cuidado de no juzgar y también de ser un poco proactivos», concluye.
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