ETIV: Una Década de Transformación en Itacaré

La ONG muestra cómo las iniciativas comunitarias pueden transformar la vida de niños, jóvenes y familias a través del aprendizaje y la solidaridad.

En 2015, en las calles de Itacaré, Bahía, nació un proyecto que gradualmente se convertiría en esencial para la comunidad local: ETIV – Ponto de Cultura. Lo que comenzó como una propuesta para combinar turismo y voluntariado se convirtió en una organización que hoy transforma vidas a través de la educación, la concientización ambiental y la apreciación cultural.

La idea inicial se inspiró en el llamado volunturismo, un modelo que combina los viajes con el trabajo social. Como recuerda la presidenta de la ONG, Janaina dos Santos Garcia: “Durante muchos años, ETIV trabajó extensamente con este tipo de voluntariado. Nuestras clases eran principalmente de inglés, educación ambiental y arte”. Pero, con el tiempo, la comunidad comenzó a pedir más. Poco a poco, ETIV dejó de depender únicamente de las habilidades de voluntarios temporales y comenzó a construir una sólida red de profesores y colaboradores locales. Este cambio fue decisivo. “Desde 2023, hemos tenido muchas más clases. Antes, eran cinco o seis a la semana, ahora tenemos unas veinte. Es un horario completo”, celebra Janaina.

El fortalecimiento del equipo también dio un nuevo rumbo a la misión de la ONG. Si bien el énfasis inicial estaba en el inglés y el intercambio cultural, hoy el enfoque es más amplio: la educación, la cultura, el deporte y el medio ambiente van de la mano. Como la propia Janaina lo define: “La ONG nació con la misión de concientizar al medio ambiente y desarrollar a los jóvenes, fomentando su integración con la comunidad”.

Esta integración es claramente evidente en los proyectos que se han convertido en el sello distintivo de ETIV. Uno de ellos se llama Meninas no Comando (Chicas al mando), que comenzó como un club de lectura y ahora es un espacio para el empoderamiento femenino. “Creo que el proyecto Meninas no Comando tiene un impacto muy significativo, uno que realmente transforma la vida de las niñas”, afirma la presidenta. Muchas adolescentes que participaron en el proyecto comenzaron a soñar en grande, y algunas incluso se convirtieron en profesoras de la propia ONG.

El impacto también se extendió a los niños y adolescentes de la ciudad. El Club de Ajedrez, por ejemplo, empezó siendo pequeño y ahora reúne a decenas de jugadores. “Empezamos con un club pequeñito de 10 chicos, y hoy tuvimos un torneo con 68 jugadores”, recuerda Janaina. La actividad cobró tanta fuerza que se convirtió en asignatura en las escuelas asociadas, demostrando cómo el deporte puede ser una herramienta para la educación y la inclusión.

La dimensión cultural, a su vez, cobró impulso cuando ETIV se convirtió en un centro cultural. Clases de teatro, música, danza y musicalización afroindígena se convirtieron en parte de la rutina de los niños. El espacio también se convirtió en una biblioteca comunitaria y ganó un premio federal de lectura. Esta multiplicidad de actividades ayuda a crear vínculos duraderos y refuerza el sentido de pertenencia.

Pero no fue sólo la cultura la que consolidó la identidad de la ONG. El medio ambiente siempre ha estado en el centro de sus acciones. Plantar plántulas de manglares, limpiar playas y realizar investigaciones académicas forman parte de la rutina. “Como bióloga, superviso estas tesis. Esta es la tercera que superviso dentro del proyecto sobre manglares”, explica Janaina. Esta conexión con la naturaleza también enseña a las generaciones más jóvenes a cuidar la tierra que habitan.

Otro hito en la trayectoria de ETIV fue el programa comunitario de natación, activo de 2018 a 2025. Además de clases gratuitas, se impartieron capacitaciones en socorrismo y primeros auxilios. “Este proyecto fue importante para que ganáramos respeto y visibilidad. Casi todos los que conocen ETIV lo conocen por la natación”, recuerda Janaina. Aunque se interrumpió por falta de espacio, el legado del proyecto sigue vivo en la memoria de la comunidad.

Estas historias revelan una ONG profundamente arraigada en Itacaré. “Todos los miembros de la junta directiva viven aquí en Itacaré. Es una ONG nacida y criada en Itacaré”, enfatiza Janaina. Contrariamente a la creencia popular, ETIV no es extranjera: está dirigida por y para la comunidad local, con el apoyo de mujeres en puestos de liderazgo. El aspecto internacional sigue presente, pero ahora de forma equilibrada. Estudiantes y voluntarios extranjeros participan en el programa de intercambio cultural, enseñando inglés, aprendiendo portugués y desarrollando proyectos de investigación. “No es exactamente voluntariado; lo llamamos programa de intercambio cultural. Vienen, participan en actividades culturales, clases de portugués, excursiones… no es sólo voluntariado”, explica Janaina. Este intercambio enriquece tanto a la comunidad como a los visitantes.

Para garantizar su continuidad, ETIV depende de convocatorias públicas, donaciones y contribuciones de estudiantes de intercambio. “No contamos con una única fuente de financiación, ni del gobierno ni de patrocinadores extranjeros. Cuando contamos con financiación, proviene de proyectos aprobados mediante convocatorias públicas y de donaciones de particulares”, afirma Janaina. Es un modelo que requiere un esfuerzo constante, pero que también garantiza la autonomía y la identidad local.

El futuro trae consigo una fecha especial: en 2026, la ONG celebrará el décimo aniversario del CNPJ (Registro Nacional de Personas Jurídicas). Para Janaina, este hito es motivo de orgullo: “Registramos nuestro CNPJ el 5 de mayo de 2016. El año que viene celebraremos oficialmente nuestro décimo aniversario”. Más que una simple fecha burocrática, es la prueba de una trayectoria cimentada en la persistencia y el impacto real.

A lo largo de esta década, ETIV ha sido testigo de transformaciones silenciosas y profundas: niños que aprendieron a leer, jóvenes que descubrieron sus talentos, mujeres que encontraron la fuerza colectiva. Cada historia es una semilla que se propaga por toda la comunidad. La trayectoria de ETIV Brasil demuestra que la educación, la cultura y el medio ambiente no son dimensiones separadas, sino partes de un mismo tejido social. Al invertir en estos pilares, la ONG construye un futuro más justo y sostenible, comenzando en Itacaré e inspirando más allá de sus fronteras.

Más que una organización, ETIV es un espacio de cuidado, resistencia y esperanza. Y como resume Janaina: “Tratamos a los niños con mucho cariño y respeto. No hay castigos, ni gritos, ni violencia. Aquí aprenden valores como disculparse y dar las gracias. Para mí, esto también supone una gran transformación”.

Cómo ayudar

Las donaciones a la ONG se pueden realizar a través del enlace de la página web o vía PIX: (73) 982534476.

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