Con 36 años de trabajo, la Asociación de Atención a la Persona con Discapacidad Auditiva y Sorda desarrolla una labor centrada en la comunicación, enseñando Libras a personas sordas, acompañando a familias y capacitando a profesionales
La Asociación de Atención a la Persona con Discapacidad Auditiva y Sorda (AADAS) es una referencia en la atención a niñas y niños sordos y sus familias en São José dos Campos, en el interior de São Paulo. Creada en 1989 por cinco familias que se unieron para buscar apoyo especializado para sus hijos, hoy la asociación recibe a más de 2.000 personas por año.
“Todo empezó porque no había ninguna institución que atendiera a niñas y niños sordos en la ciudad”, explica Adriana Gomes, coordinadora de proyectos de AADAS. “Esas familias se unieron y comenzaron un trabajo enfocado en la educación. Con el tiempo, la asociación evolucionó y pasó a actuar también en la formación social y en la autonomía de las personas sordas.”
Actualmente, el foco es la enseñanza de Libras, la Lengua Brasileña de Señas, realizada por un equipo multidisciplinario. “Libras es la primera lengua de la persona sorda. Y como es una lengua gesto visual, la persona sorda necesita mirar a quien le habla para comunicarse. Es diferente a la lengua oral, que aprendemos de forma indirecta desde el nacimiento”, explica Adriana.
Lenguaje visual
Por medio de una alianza con la municipalidad local, AADAS recibe personas de 0 a 59 años derivadas principalmente por el Centro de Referencia Especializado de Asistencia Social. La atención ocurre en el horario contrario al escolar e incluye acompañamiento psicológico, fonoaudiológico y psicopedagógico.
Además de la persona sorda, los familiares también son acompañados para que todos aprendan Libras y puedan comunicarse dentro del hogar. “Aquí trabajamos con toda la familia: padre, madre, hermanas, hermanos, abuelas, abuelos. Todos necesitan aprender porque la comunicación es el primer lazo de afecto. Y cuando falla, el vínculo también se fragiliza”, dice Adriana.
Uno de los grandes desafíos que enfrenta el equipo es el proceso de reconocimiento de la identidad sorda. “Muchas personas llegan a AADAS sin considerarse sordas, incluso cuando tienen diagnósticos que indican discapacidad auditiva.”
“La sordera no es visible. Muchas personas usan audífonos o escuchan parcialmente y creen ser oyentes. Cuando llegan aquí, descubren que existe una lengua, una cultura, una forma de ser. Es un despertar y es emocionante verlo”, relata.
Primeras señas
Ese despertar puede comenzar muy temprano. Bebés de apenas seis meses participan del programa [Meus Primeiros Sinais], creado para enseñar a las familias a jugar y comunicarse con sus hijos. “Mientras una niña oyente aprende a hablar escuchando conversaciones en casa, la niña sorda necesita una mirada. Su comunicación es visual. La familia necesita parar, mirar a los ojos y hablar con las manos”, explica Adriana.
La coordinadora se emociona al recordar momentos en que las familias perciben la fuerza de la comunicación visual. “Hay padres que pasan años sin poder conversar de verdad con su hijo. Cuando aprenden la primera seña y logran entenderse, es una verdadera revolución dentro del hogar.”
Ella destaca que las familias que buscan atención en la [AADAS] son diversas. Hay familias con padres oyentes e hijos sordos y otras con padres sordos e hijos oyentes. “Tenemos una familia con madre y padre sordos, una hija sorda y dos hijos oyentes. Es una inversión hermosa que muestra cómo la comunicación es el punto central de todo”, dice Adriana.
En esas familias, los hijos oyentes son llamados CODA, sigla en inglés que significa hijos de adultos sordos. Crecen en un ambiente bilingüe y muchas veces terminan convirtiéndose en intérpretes de sus propios padres. “Es una responsabilidad demasiado grande para una niña o un niño. Por eso también acompañamos a estas familias y trabajamos los dos lados”, comenta.
Identidad sorda y autonomía
Adriana explica que muchas personas llegan a la institución sin dominio de ninguna lengua, utilizando solo “gestos caseros” comprendidos solo dentro del entorno familiar. “Esos gestos funcionan en casa pero no afuera. Cuando la niña o adolescente empieza a aprender Libras, todo cambia. La vida despega.”
Uno de los pilares del trabajo de la [AADAS] es fortalecer la identidad sorda, que reconoce la sordera como una diferencia lingüística y cultural. “Trabajamos con una forma diferente de comunicación, no con un defecto. La sordera no es visible y muchas personas no se reconocen como sordas. Nuestro papel es ayudar en ese despertar”, afirma.
“La familia necesita ser el primer canal de comunicación. Cuando eso no sucede, la niña sorda crece con lagunas, sin entender lo que ocurre a su alrededor. Por eso enseñamos a los padres a comunicarse con sus hijos desde temprano”, refuerza.
Capacitación en Libras
Además de la atención directa a las familias, la [AADAS] desarrolla acciones de concientización y capacitación para la comunidad oyente. Entre los proyectos se destaca un curso de Libras impartido por profesores sordos, que ya formó profesionales de diversas áreas como médicos, docentes, bomberos y comerciantes para promover la inclusión en la vida cotidiana.
“Queremos que la persona sorda vaya al médico o al teatro sin depender de un intérprete. Que tenga autonomía y que las personas sepan comunicarse con ella. Eso es respeto, es ciudadanía”, destaca Adriana.
Ella recuerda además que la institución revisó su propia sigla para incluir explícitamente el término “sordo”. “El término ‘deficiente auditivo’ es clínico. Adoptar el término ‘sordo’ es una perspectiva social. No hablamos de falta, sino de diferencia.”
“Nuestro trabajo es dar atención, orientación y condiciones para que la persona sorda conquiste independencia. No hacemos las cosas por ella, caminamos juntas y juntos, respetando su tiempo y su identidad”, concluye.
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