Rompiendo barreras: La historia de Ampuvalia y la fuerza de la comunidad amputada en México

Por Carolina González Serrano

Historias como la de Ulises, quien ha encontrado en el deporte un motor para seguir adelante, inspiran a reflexionar sobre lo que significa vivir sin una extremidad. Desde la comunidad de amputados se hacen visibles realidades que muchas veces pasan desapercibidas: la dificultad de reaccionar ante una emergencia sin la prótesis, el reto de aprender a levantarse tras la pérdida de una parte del cuerpo, asumir el costo y mantenimiento de una prótesis y, sobre todo, la fuerza de espíritu necesaria para reencontrarse con la vida.

Perder una extremidad es, sin duda, uno de los retos más profundos a los que puede enfrentarse una persona. No solo es el duelo físico, sino el impacto emocional, las preguntas sin respuesta, y el temor de qué significa la vida después. Pero en medio de ese desafío, existen luces que iluminan el camino: la esperanza, la comunidad y la fuerza de quienes han vivido lo mismo y saben que sí es posible reconstruirse.

Así nació Ampuvalia, una organización impulsada por Estefanía Cervantes, quien en 2011 enfrentó esa realidad en carne propia. Lejos de rendirse, decidió convertir su experiencia en un impulso para ayudar a otros a transitar ese difícil proceso con acompañamiento. Lo que comenzó como un proyecto estudiantil se transformó en un faro para miles, una red de apoyo donde cada historia se convierte en inspiración y cada paso, en triunfo.

Vives Sin Límites, el nombre original de esta iniciativa, reflejaba su compromiso por sensibilizar a la comunidad universitaria sobre la discapacidad. Sin embargo, con el paso del tiempo, el proyecto creció y se transformó en Ampuvalia, una red que hoy reúne a profesionales, pacientes y aliados para apoyar a quienes han perdido una extremidad.

En México, se estima la población de 5 años y más con discapacidad era de 8,8 millones en el 2023, según el INEGI. Aunque aún no existen cifras precisas sobre cuántas de ellas enfrentan una amputación, la Academia Nacional de Cirugía reportó en 2015 que se amputan en México 75 personas diarias, la mayoría de estos casos son consecuencia de la diabetes o de accidentes traumáticos. 

Las últimas cifras reportadas en 2016 de la Academia Nacional de Medicina de México calculó que sólo una de cada 10 personas con miembros amputados se rehabilita y sólo un 30% de los rehabilitados sabe usar de forma adecuada sus aparatos y prótesis que, por otro lado, son muy caros. Para el 2024, América del Norte representó la mayor cuota en el mercado de prótesis ortopédicas, según Mordor Intelligence.  

A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud, calculó que para el 2023, una de cada seis personas sufría una discapacidad importante, es decir 1.300 millones de personas en todo el mundo. Y la AT2030 en apoyo a la Estrategia de ATscale, en un informe elaborado en 2020 estimó que 1,5 millones de personas en el mundo sufren amputaciones cada año y necesitan acceder a servicios protésicos.

La pérdida no solo implica un duelo profundo, sino también una serie de preguntas sin respuesta inmediata. Por ello, Ampuvalia no solo brinda información confiable y acompañamiento desde la cama del hospital, sino que también crea espacios seguros donde la esperanza y la solidaridad encuentran un lugar para crecer.

La organización ha desarrollado herramientas como la Guía Básica para el Paciente Amputado, disponible para quienes recién enfrentan esta nueva realidad, y también ha formado una comunidad llamada Ampuamigos, que promueve el apoyo mutuo y la inspiración constante. Reuniones mensuales virtuales, campañas de entrega de prótesis, un podcast con testimonios y un libro con las historias de 33 mujeres amputadas son algunas de las iniciativas que impulsan esta red.

El mayor logro de Ampuvalia ha sido demostrar que las limitaciones solo existen en la mente. Como el camping Campuvalia, realizado en Valle de Bravo, que reunió a personas amputadas participando en actividades como rapel, yoga y tiro con arco, rompiendo barreras y mostrando la fuerza del espíritu humano.

Historias como la de Gerardo Galván, quien se enfrenta a diario cuatro horas y 100 km de recorrido por el área metropolitana de la Ciudad de México para hacer su terapia física y dar sus primeros pasos con prótesis, o la de Michelle, quien superó la violencia doméstica y hoy camina con fuerza renovada, son ejemplos vivientes de esta resiliencia.

Ampuvalia se sostiene gracias a donaciones, alianzas con instituciones y el compromiso de voluntarios, en un esfuerzo constante por ampliar su impacto y sueña con un futuro donde existan centros integrales de atención para amputados, espacios que ofrezcan terapia física, psicológica, nutrición y comunidad, donde cada persona pueda encontrar las herramientas para redescubrir su vida.

Las redes sociales también han sido un aliado crucial, cambiando la percepción social de la discapacidad y mostrando que la belleza y la capacidad están en la diversidad humana. Figuras públicas son íconos clave en Latinoamérica como Daniela Álvarez, ex-Miss Colombia y Juan Pablo Medina, actor mexicano, quienes han contribuido a visibilizar este tema.

Ampuvalia está entusiasmada de poder celebrar 10 años el próximo año; los llena de alegría haber podido acompañar a cientos de personas que han perdido alguna extremidad, así como a sus familiares en la nueva oportunidad de vida. Agradece a sus aliados, amigos y donantes que han sido parte importante de su causa. Esperen noticias de su celebración en 2026. Estefanía Cervantes nos menciona: “Vamos por más. Con paso firme por la comunidad amputada”  

Para conocer más, puedes sumarte a la comunidad de Ampuvalia, compartir sus recursos, escuchar sus podcasts y apoyar la causa. 

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Educação comunitária

O Parque é Nosso transforma un antiguo espacio policial en un lugar de educación y convivencia en la Penha

Creado en 2015, el colectivo actúa en el Complexo da Penha con educación, deporte, cultura y acciones de fortalecimiento comunitario para niños, jóvenes, mujeres y personas mayores.
En el Morro da Caixa d’Água, en el Complexo da Penha, Zona Norte de Río de Janeiro, un espacio que en el pasado fue asociado al miedo y a la violencia, hoy recibe a niños para refuerzo escolar, jóvenes para actividades deportivas y mujeres y personas mayores para prácticas de cuidado y convivencia.
Ahí es donde funciona la sede de O Parque é Nosso, colectivo creado en 2015 que, durante diez años, desarrolló sus actividades de forma itinerante por el territorio. Hace aproximadamente un año, el proyecto consiguió una sede y pasó a ocupar un inmueble que antes albergó un Destacamento de Policiamento Ostensivo (DPO), una pequeña unidad policial responsable del patrullaje de la región.
Según los directores del colectivo, Rene Júnio y Suellen Martins, el lugar carga recuerdos dolorosos para los residentes, quienes relatan episodios de violencia en el período en que el espacio funcionaba como unidad policial. La propuesta ahora es resignificar ese pasado y transformar el espacio en un punto de educación comunitaria, cultura, deporte, medio ambiente e integración entre los residentes locales.
Esta transformación ocurre en un territorio marcado también por la violencia armada. El 28 de octubre de 2025, los complejos de la Penha y del Alemão fueron escenario de la Operación Contenção, considerada la acción policial más letal de la historia del estado de Río de Janeiro.
Para quienes viven en el lugar, sin embargo, la historia no termina cuando una operación acaba. Permanecen los niños, las familias, las escuelas, los trabajadores y los proyectos sociales, que siguen abriendo sus puertas y construyendo posibilidades en medio de las dificultades.
En una conversación con los responsables, la Coluna da Neuza conoció más sobre el trabajo desarrollado, los resultados alcanzados a lo largo de los años y los desafíos para mantener y ampliar las actividades.
Coluna da Neuza: Suellen, ¿quién es atendido actualmente por O Parque é Nosso y qué actividades se ofrecen?
Suellen: Atendemos a niños y jóvenes de 5 a 16 años y mujeres de hasta 70 años. Buscamos fortalecer el vínculo con el territorio y ampliar horizontes de formación y ciudadanía por medio de capoeira, fútbol, juegos lúdico afectivos, danza, ejercicio funcional y yoga para mujeres, refuerzo escolar, apoyo psicológico y club de lectura. También realizamos encuentros, charlas, paseos culturales, de ocio y ambientales.
Uno de nuestros objetivos es evitar que los niños normalicen el comercio ilegal de drogas. Queremos que se desarrollen, reconozcan sus talentos y puedan tomar buenas decisiones, y que los resultados se puedan percibir entre los participantes. Algunos niños que pasaron por las actividades deportivas desarrollaron habilidades en el fútbol y hoy juegan en otros clubes. Otros mejoraron el desempeño escolar, mientras que las mujeres relataron beneficios para la salud por medio de las actividades físicas.
Coluna da Neuza: Rene, ¿cuál es hoy la principal demanda del colectivo?
Rene: Nuestra mayor demanda este año está en el área educativa. Tenemos niños de 13 y 14 años con mucha dificultad para leer y escribir y decidimos concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad, principalmente después de la última operación que sucedió aquí, que tuvo un impacto muy fuerte sobre los jóvenes y sus familias.
Queremos que esos adolescentes sigan soñando y pensando en el futuro. Hoy atendemos a 20 niños directamente en el refuerzo escolar y queremos llegar a 100, pero necesitamos recursos para contratar profesores, ofrecer apoyo económico y garantizar alimentación. Un niño aprende mejor cuando tiene alimentación adecuada y condiciones para concentrarse en los estudios.
Nuestra lucha es evitar que jóvenes, sin perspectivas y con dificultades de aprendizaje, terminen tomando decisiones equivocadas.
Coluna da Neuza: Aun con la conquista de una sede, ¿qué dificultades enfrenta todavía el colectivo para mantener las actividades?
Rene: Todavía enfrentamos dificultades financieras. Necesitamos recursos para materiales escolares, deportivos y de limpieza, mantenimiento del espacio, regularización documental y apoyo a los profesionales y voluntarios.
Coluna da Neuza: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes de la iniciativa?
Rene: Una de nuestras mayores necesidades es mantener a los voluntarios que actúan en los talleres. Nos gustaría poder ofrecer al menos un apoyo económico. También necesitamos mejorar la estructura del espacio para que los niños tengan más comodidad durante las actividades.
Ya tenemos entrenamientos funcionales para la tercera edad y yoga para las mujeres, además de rondas de conversación que ayudan a fortalecer esos grupos. Contar con más profesionales permitiría ampliar ese trabajo y atender mejor las necesidades de la comunidad.
Otra prioridad es ampliar la atención con psicólogos y profesionales que desarrollen actividades con las personas mayores. Después de la última incursión policial, percibimos cómo este episodio afectó a los niños, madres, padres y abuelos. Esas familias necesitan cuidado.
Coluna da Neuza: ¿Cuántas personas son atendidas actualmente?
Rene: Hoy atendemos a 197 personas, pero, a lo largo de la existencia del colectivo, ya alcanzamos cerca de 890 familias de tres comunidades del Complexo da Penha: los morros da Caixa d’Água, Sereno y da Paz. El impacto de una iniciativa social no siempre aparece de inmediato; muchas veces solo se vuelve visible mucho tiempo después.
Coluna da Neuza: ¿Qué resultado positivo has percibido en los beneficiarios a lo largo del tiempo?
Rene: Vemos niños que llegaron aquí con 5 o 6 años y hoy están en la universidad o siguiendo nuevos caminos. Algunos de esos jóvenes, incluso, volvieron como voluntarios; percibimos cambios en los hábitos y en la forma como niños, jóvenes, mujeres y personas mayores pasan a ver el futuro.
Creo que el mayor impacto es justamente ese, hacer que las personas vuelvan a soñar y a tener nuevas perspectivas de vida. La percepción también aparece entre las familias atendidas.
Coluna da Neuza: ¿Qué representó la conquista de la sede propia para el colectivo O Parque é Nosso?
Suellen: Nuestra mayor victoria es tener el espacio. Estar en una sede propia, sin pagar alquiler, es una conquista muy importante para nosotros, pero también queremos aumentar nuestros ingresos para ayudar a costear los gastos y lograr atender a más personas dentro de la favela. La cuestión financiera termina involucrando todas las áreas del proyecto.
Necesitamos recursos para el funcionamiento del trabajo, compra de materiales de limpieza, escolares y deportivos, para la regularización de los documentos como el CNPJ, que todavía no tenemos. Nuestro gran desafío es mantener la atención frente a la gran cantidad de personas que nos buscan.
Un espacio para construir otras historias
Donde un día hubo miedo, hoy los niños entran cargando pelotas, juguetes, libros y cuadernos. Las mujeres se encuentran para cuidar su cuerpo e intercambiar ideas entre sí; las personas mayores recuperan movimientos y retoman la convivencia; y jóvenes que llegaron pequeños vuelven adultos para ayudar a otros que están comenzando.
En un territorio constantemente recordado por las noticias de violencia, iniciativas como O Parque é Nosso ayudan a mostrar una parte del Complexo da Penha que no siempre llega al noticiero. Es la historia construida diariamente por quienes permanecen en el territorio, cuidan, educan, comparten conocimiento y crean caminos para que niños y jóvenes puedan imaginar otras posibilidades para el futuro.
Arthur, de 11 años, alumno de 6º grado, practica fútbol y capoeira en el proyecto y cuenta que las actividades tuvieron impacto en su rutina. “Estar aquí me ayuda a tener otras actividades y a no quedarme solo en el celular. También conocí más amigos y pasé a ocupar mejor mi tiempo. Desde que entré al proyecto, me volví más ágil, más despierto y aprendí a tener más disciplina.”
Ítalo Miguel, también de 11 años y alumno de 6º grado, participa en el proyecto hace cuatro años y dice que las clases de refuerzo escolar lo ayudaron en la escuela. “Hago capoeira, fútbol, refuerzo escolar y poesía. Percibo que me volví más ágil y disciplinado. También mejoré mis reflejos, y el refuerzo me ha ayudado bastante en la escuela, principalmente en la escritura.”
Para Bruna, de 24 años, madre de una de las niñas que participan en las actividades de fútbol, el proyecto también tiene un papel importante en la rutina de las familias. “El proyecto es muy importante porque ocupa el tiempo de los niños después de la escuela y evita que se queden sin actividad. También ayuda a alejarlos de situaciones e influencias negativas que forman parte de la realidad del lugar donde vivimos.”

Para más información, sigue y ponte en contacto con el colectivo en Instagram.
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La Coluna da Neuza forma parte de Lupa do Bem, proyecto de Responsabilidad Social Corporativa de la agencia de comunicación Sherlock Communications.

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