Fundación Jeymar, donde lo dulce de la vejez es tener con quién compartir lo amargo

Más de siete millones de adultos mayores viven en Colombia, de acuerdo con cifras del DANE

Por Sergio Hernández

A veces se puede dar por sentada la compañía. El mundo actual adolece de tantas cosas que la falta de interacción humana pasa a un segundo plano y se pierde entre las múltiples pantallas que cada uno lleva consigo en todo momento. 

Pero la compañía es necesaria: es vida. La raza humana no está hecha para la soledad.

En la Fundación Jeymar entendieron esto hace 40 años. Jesús María Rivera y Beatriz Concha, los fundadores de esta organización colombiana sin ánimo de lucro, crearon un espacio en el cual los adultos mayores de Bogotá pudieran concebir sueños nuevos, descubrir nuevas amistades para toda la vida y aprender habilidades que no tenían antes.

Más que una fundación, una oportunidad

“A mi me gustaría pasar mi vejez en un centro como este”, dice Catalina Leyva, directora comercial de la Fundación Jeymar, que por estos días está estrenando sede. Catalina dice que la labor de la casa día, pues no es un ancianato, es permitir a los adultos mayores tener un espacio propio y estimulante, cuando en casa se quedan solos o no pueden ser atendidos por sus familias.

“Nos basamos en tres pilares de cuidado fundamentales: la alimentación, pues aquí se les ofrece de altísima calidad y con todos los protocolos de bioseguridad necesarios; el acompañamiento psicosocial. Tenemos consultas periódicas de psicología y se atienden a las familias, igualmente: aquí cuentan todas sus dificultades; y la parte física: buscamos que el adulto mayor tenga un desarrollo íntegro de sus habilidades motoras y preservar la salud de los afiliados lo más posible”, cuenta Catalina.

Los llaman afiliados pues el modelo de la fundación pide una tarifa de inscripción simbólica, cercana a los USD 30 mensuales, para que las familias de los beneficiarios se comprometan a llevarlos.

“La Fundación opera principalmente con recursos propios, dejados por la familia fundadora, y con las donaciones de la empresa privada y particulares que apoyan la misión que aquí hemos abanderado. Además tenemos el Baúl de los Abuelos y un emprendimiento de muñecas de trapo”, explica Catalina.

‘A mi que no me alejen de mi Fundación’

Doña Zoraida Sánchez, de 78 años, nacida el 16 de febrero, en Bucaramanga, Santander, (para que se acuerden de felicitarla, dice), lleva 18 años asistiendo diariamente a la Fundación Jeymar, con otros adultos mayores que hoy llama su segunda familia. 

“Las santandereanas tenemos fama de que planchamos con la mano, es solo fama”, dice, en referencia al anedóctico carácter de las mujeres de ese departamento del nordeste colombiano, entre risas mientras cuenta cómo llegó a la Fundación que hoy no piensa dejar en vida.

“Yo la paso muy rico, considero que aquí me aprecian mucho y yo quiero mucho mi fundación, no me gusta faltar”, expresa Zoraida, quien asegura haber aprendido en la Fundación Jeymar a actuar, bailar y a vivir, de nuevo.

‘Aquí nos cuidan mucho, con amor’

“El trato acá es incomparable. Yo trabajé durante muchos años como empleada doméstica en casas de familia y tuve que soportar muchos maltratos para sacar a mi hija delante. Hoy mi hija provee para las dos y me dio la oportunidad de venir a esta Fundación Jeymar donde me siento muy feliz”. Ese es el testimonio de Belén Hernández, de 69 años, quien lleva tan sólo tres meses en esta casa para el adulto mayor.

Belén agradece el profesionalismo de todos los funcionarios de la Fundación y su calidez humana para acompañar a todos los adultos mayores que visitan las instalaciones.

“Hoy mi hija y yo tenemos nuestras cosas propias, antes ni llaves teníamos de donde vivíamos y dependíamos de los patrones, que nos menospreciaban todo el tiempo. Yo sólo aguanté por mi hija, que hoy es profesional y tiene especializaciones que se pagó ella misma, y tenemos la posibilidad de venir a la Fundación Jeymar”, agregó Belén.

‘Qué mi vejez la pueda pasar en un sitio como este’

“Así me imagino mi vejez, pasando el día con amigos en un lugar como la Fundación Jeymar, pero volviendo siempre a mi casa después para poder compartir y disfrutar con mi familia”, dice Edith Alarcón, coordinadora del programa misional de la Fundación Jeymar, donde ha trabajado los últimos 18 años de su vida.

Fisioterapeuta de profesión, Edith asegura que el trabajo con los adultos mayores es una vocación y ella no se imagina haciendo nada diferente con su vida. Durante estas casi dos décadas de servicio a los adultos mayores asegura que le quedan dos cosas primordiales: cada uno de los afiliados es un mundo entero, con necesidades particulares, tristezas, alegrías y sueños; y lo segundo es que uno debe prepararse para la vejez.

“Todos vamos a llegar allá, ojalá. Después de tantas cosas que he visto con los adultos mayores acá, creo que es necesario prever lo que van a ser los últimos días que tengamos en el mundo”, dice Edith.

¿Cómo puedo compartir con los adultos mayores de la Fundación Jeymar?

La Fundación Jeymar trabaja exclusivamente con población de Sisbén, el registro de programas sociales de Colombia,y estratos 1 y 2, las clases sociales más bajas del país. Son personas que pueden ser más vulnerables o sufrir de alguna carencia por falta de recursos.  Por eso las familias de estos estratos salen a trabajar y los adultos mayores tienden a quedarse solos, por lo que un lugar como este se convierte no sólo en un espacio pedagógico, sino en un habilitador del crecimiento económico de la familia colombiana.

La Fundación recibe voluntarios calificados todos los días, pues las necesidades de terapia y acompañamiento son inmensas, y a su vez recibe donaciones en dinero, de ropa usada para sus emprendimientos y de habilidades especiales (ingeniería, finanzas, comunicación, etc.) que puedan brindar los privados.Si quieren donar o conocer más sobre la Fundación pueden visitar la página https://fundacionjeymar.org/ y seguirlos en Facebook, Instagram y Youtube.

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Educação comunitária

O Parque é Nosso transforma un antiguo espacio policial en un lugar de educación y convivencia en la Penha

Creado en 2015, el colectivo actúa en el Complexo da Penha con educación, deporte, cultura y acciones de fortalecimiento comunitario para niños, jóvenes, mujeres y personas mayores.
En el Morro da Caixa d’Água, en el Complexo da Penha, Zona Norte de Río de Janeiro, un espacio que en el pasado fue asociado al miedo y a la violencia, hoy recibe a niños para refuerzo escolar, jóvenes para actividades deportivas y mujeres y personas mayores para prácticas de cuidado y convivencia.
Ahí es donde funciona la sede de O Parque é Nosso, colectivo creado en 2015 que, durante diez años, desarrolló sus actividades de forma itinerante por el territorio. Hace aproximadamente un año, el proyecto consiguió una sede y pasó a ocupar un inmueble que antes albergó un Destacamento de Policiamento Ostensivo (DPO), una pequeña unidad policial responsable del patrullaje de la región.
Según los directores del colectivo, Rene Júnio y Suellen Martins, el lugar carga recuerdos dolorosos para los residentes, quienes relatan episodios de violencia en el período en que el espacio funcionaba como unidad policial. La propuesta ahora es resignificar ese pasado y transformar el espacio en un punto de educación comunitaria, cultura, deporte, medio ambiente e integración entre los residentes locales.
Esta transformación ocurre en un territorio marcado también por la violencia armada. El 28 de octubre de 2025, los complejos de la Penha y del Alemão fueron escenario de la Operación Contenção, considerada la acción policial más letal de la historia del estado de Río de Janeiro.
Para quienes viven en el lugar, sin embargo, la historia no termina cuando una operación acaba. Permanecen los niños, las familias, las escuelas, los trabajadores y los proyectos sociales, que siguen abriendo sus puertas y construyendo posibilidades en medio de las dificultades.
En una conversación con los responsables, la Coluna da Neuza conoció más sobre el trabajo desarrollado, los resultados alcanzados a lo largo de los años y los desafíos para mantener y ampliar las actividades.
Coluna da Neuza: Suellen, ¿quién es atendido actualmente por O Parque é Nosso y qué actividades se ofrecen?
Suellen: Atendemos a niños y jóvenes de 5 a 16 años y mujeres de hasta 70 años. Buscamos fortalecer el vínculo con el territorio y ampliar horizontes de formación y ciudadanía por medio de capoeira, fútbol, juegos lúdico afectivos, danza, ejercicio funcional y yoga para mujeres, refuerzo escolar, apoyo psicológico y club de lectura. También realizamos encuentros, charlas, paseos culturales, de ocio y ambientales.
Uno de nuestros objetivos es evitar que los niños normalicen el comercio ilegal de drogas. Queremos que se desarrollen, reconozcan sus talentos y puedan tomar buenas decisiones, y que los resultados se puedan percibir entre los participantes. Algunos niños que pasaron por las actividades deportivas desarrollaron habilidades en el fútbol y hoy juegan en otros clubes. Otros mejoraron el desempeño escolar, mientras que las mujeres relataron beneficios para la salud por medio de las actividades físicas.
Coluna da Neuza: Rene, ¿cuál es hoy la principal demanda del colectivo?
Rene: Nuestra mayor demanda este año está en el área educativa. Tenemos niños de 13 y 14 años con mucha dificultad para leer y escribir y decidimos concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad, principalmente después de la última operación que sucedió aquí, que tuvo un impacto muy fuerte sobre los jóvenes y sus familias.
Queremos que esos adolescentes sigan soñando y pensando en el futuro. Hoy atendemos a 20 niños directamente en el refuerzo escolar y queremos llegar a 100, pero necesitamos recursos para contratar profesores, ofrecer apoyo económico y garantizar alimentación. Un niño aprende mejor cuando tiene alimentación adecuada y condiciones para concentrarse en los estudios.
Nuestra lucha es evitar que jóvenes, sin perspectivas y con dificultades de aprendizaje, terminen tomando decisiones equivocadas.
Coluna da Neuza: Aun con la conquista de una sede, ¿qué dificultades enfrenta todavía el colectivo para mantener las actividades?
Rene: Todavía enfrentamos dificultades financieras. Necesitamos recursos para materiales escolares, deportivos y de limpieza, mantenimiento del espacio, regularización documental y apoyo a los profesionales y voluntarios.
Coluna da Neuza: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes de la iniciativa?
Rene: Una de nuestras mayores necesidades es mantener a los voluntarios que actúan en los talleres. Nos gustaría poder ofrecer al menos un apoyo económico. También necesitamos mejorar la estructura del espacio para que los niños tengan más comodidad durante las actividades.
Ya tenemos entrenamientos funcionales para la tercera edad y yoga para las mujeres, además de rondas de conversación que ayudan a fortalecer esos grupos. Contar con más profesionales permitiría ampliar ese trabajo y atender mejor las necesidades de la comunidad.
Otra prioridad es ampliar la atención con psicólogos y profesionales que desarrollen actividades con las personas mayores. Después de la última incursión policial, percibimos cómo este episodio afectó a los niños, madres, padres y abuelos. Esas familias necesitan cuidado.
Coluna da Neuza: ¿Cuántas personas son atendidas actualmente?
Rene: Hoy atendemos a 197 personas, pero, a lo largo de la existencia del colectivo, ya alcanzamos cerca de 890 familias de tres comunidades del Complexo da Penha: los morros da Caixa d’Água, Sereno y da Paz. El impacto de una iniciativa social no siempre aparece de inmediato; muchas veces solo se vuelve visible mucho tiempo después.
Coluna da Neuza: ¿Qué resultado positivo has percibido en los beneficiarios a lo largo del tiempo?
Rene: Vemos niños que llegaron aquí con 5 o 6 años y hoy están en la universidad o siguiendo nuevos caminos. Algunos de esos jóvenes, incluso, volvieron como voluntarios; percibimos cambios en los hábitos y en la forma como niños, jóvenes, mujeres y personas mayores pasan a ver el futuro.
Creo que el mayor impacto es justamente ese, hacer que las personas vuelvan a soñar y a tener nuevas perspectivas de vida. La percepción también aparece entre las familias atendidas.
Coluna da Neuza: ¿Qué representó la conquista de la sede propia para el colectivo O Parque é Nosso?
Suellen: Nuestra mayor victoria es tener el espacio. Estar en una sede propia, sin pagar alquiler, es una conquista muy importante para nosotros, pero también queremos aumentar nuestros ingresos para ayudar a costear los gastos y lograr atender a más personas dentro de la favela. La cuestión financiera termina involucrando todas las áreas del proyecto.
Necesitamos recursos para el funcionamiento del trabajo, compra de materiales de limpieza, escolares y deportivos, para la regularización de los documentos como el CNPJ, que todavía no tenemos. Nuestro gran desafío es mantener la atención frente a la gran cantidad de personas que nos buscan.
Un espacio para construir otras historias
Donde un día hubo miedo, hoy los niños entran cargando pelotas, juguetes, libros y cuadernos. Las mujeres se encuentran para cuidar su cuerpo e intercambiar ideas entre sí; las personas mayores recuperan movimientos y retoman la convivencia; y jóvenes que llegaron pequeños vuelven adultos para ayudar a otros que están comenzando.
En un territorio constantemente recordado por las noticias de violencia, iniciativas como O Parque é Nosso ayudan a mostrar una parte del Complexo da Penha que no siempre llega al noticiero. Es la historia construida diariamente por quienes permanecen en el territorio, cuidan, educan, comparten conocimiento y crean caminos para que niños y jóvenes puedan imaginar otras posibilidades para el futuro.
Arthur, de 11 años, alumno de 6º grado, practica fútbol y capoeira en el proyecto y cuenta que las actividades tuvieron impacto en su rutina. “Estar aquí me ayuda a tener otras actividades y a no quedarme solo en el celular. También conocí más amigos y pasé a ocupar mejor mi tiempo. Desde que entré al proyecto, me volví más ágil, más despierto y aprendí a tener más disciplina.”
Ítalo Miguel, también de 11 años y alumno de 6º grado, participa en el proyecto hace cuatro años y dice que las clases de refuerzo escolar lo ayudaron en la escuela. “Hago capoeira, fútbol, refuerzo escolar y poesía. Percibo que me volví más ágil y disciplinado. También mejoré mis reflejos, y el refuerzo me ha ayudado bastante en la escuela, principalmente en la escritura.”
Para Bruna, de 24 años, madre de una de las niñas que participan en las actividades de fútbol, el proyecto también tiene un papel importante en la rutina de las familias. “El proyecto es muy importante porque ocupa el tiempo de los niños después de la escuela y evita que se queden sin actividad. También ayuda a alejarlos de situaciones e influencias negativas que forman parte de la realidad del lugar donde vivimos.”

Para más información, sigue y ponte en contacto con el colectivo en Instagram.
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La Coluna da Neuza forma parte de Lupa do Bem, proyecto de Responsabilidad Social Corporativa de la agencia de comunicación Sherlock Communications.

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