“Abrati representa cura”: cómo una experiencia personal se convirtió en impacto colectivo

Fundada por Álvaro Sena Filho, la asociación transforma experiencias de vida en acciones concretas para promover autonomía, salud y pertenencia en la tercera edad.



La Asociación Brasileña de Apoyo a la Tercera Edad (Abrati) nació de una historia personal marcada por el dolor, pero que se transformó en propósito. Su fundador, Álvaro Sena Filho, atravesaba un período de depresión cuando se encontró con la realidad de niños en situación de extrema vulnerabilidad. Ese contacto, como recuerda, “me conmovió, porque yo estaba en una depresión, pero no tenía un motivo. Me di cuenta de que había personas mucho más frágiles que yo y, aun así, seguían adelante”.

De ese choque con la realidad surgió la semilla de un proyecto mayor. Al inicio, Álvaro organizó un centro de apoyo para niños en tratamiento de cáncer en la ciudad de São Paulo, pero las dificultades financieras impidieron su continuidad. De regreso al interior, en Barão de Antonina (SP), al ayudar a su propia madre con el celular, percibió que la tecnología también podía ser una barrera, pero al mismo tiempo una oportunidad. “Allí nació la idea de enseñar a los mayores a manejar la tecnología. Y vi cuánto podía transformar vidas”, cuenta.

Así, la Abrati se consolidó como un espacio de inclusión digital y de acogida. Los primeros ordenadores dieron paso a aulas llenas de alumnos y pronto la asociación amplió sus actividades. A los talleres de informática se sumaron clases de pintura, inglés y, posteriormente, prácticas de ejercicio físico y actividades culturales. “La felicidad de las personas me contagia. Ayer mismo escuché de una alumna: ‘Álvaro, yo estaba con depresión y participar en las actividades me ayudó mucho’. Eso es lo que le da sentido al proyecto”, relata.

La Abrati se estructura en tres pilares fundamentales: salud física, salud emocional y salud espiritual. En el ámbito de la salud física, se ofrecen talleres de yoga, pilates, kárate intergeneracional, danza y gimnasia funcional. En el campo emocional, participan psicólogos, rondas de conversación, teatro, coro y artesanía. La dimensión espiritual no está vinculada a la religión, sino al sentido de la vida. “Para mí, espiritualidad es sentirse útil, ver la vida como algo más allá de lo individual. Eso es lo que da paz interior”, explica Álvaro.

El impacto se refleja en el aumento de la autoestima y en el fortalecimiento de la autonomía. Personas mayores que llegan retraídas ganan confianza, amplían su red de contactos y se involucran en nuevas actividades. Ese cambio también ayuda a combatir el edadismo, una de las banderas centrales de la asociación. “La sociedad todavía ve al mayor como alguien limitado. Nuestro papel es mostrar que envejecer no significa perder potencia, sino acumular sabiduría y contribuir de nuevas formas”, afirma el fundador.

En 2023, después de la pandemia, la Abrati enfrentó uno de sus mayores desafíos financieros. Fueron meses de deudas acumuladas y un esfuerzo personal de Álvaro, que incluso llegó a lesionarse el hombro durante reformas voluntarias. Pero la resiliencia prevaleció. “Creo que los desafíos vienen para fortalecernos. Hoy atendemos a más de 300 personas y seguimos firmes, aun con todas las dificultades”, dice.

Uno de los proyectos más emblemáticos es Conectividad, que enseña tecnología a personas mayores en cuatro módulos adaptados a diferentes niveles de conocimiento. Desde lo básico del uso del touch screen hasta aplicaciones y servicios digitales, la metodología es reconocida como referencia en inclusión digital. Además, la Abrati mantiene iniciativas ligadas a la sustentabilidad, como la recolección de reciclables y de aceite usado, lo que garantiza parte del mantenimiento del espacio.

Otro destaque es el proyecto Intergeneracional, que reúne a niños, jóvenes y mayores en actividades conjuntas. El objetivo es romper estigmas y construir nuevas referencias entre generaciones. “Si un niño crece pensando que toda persona mayor es aburrida, va a cargar ese prejuicio en la vida adulta. Nuestro papel es mostrar la riqueza de los intercambios entre edades diferentes”, comenta Álvaro.

La Abrati también actúa en políticas públicas, participando en convocatorias y estableciendo alianzas con instituciones como la Municipalidad de São Paulo, el Instituto Pinheiros y universidades como la São Camilo. La asociación se presenta como una red abierta: proyectos de terceros pueden ser acogidos y desarrollados dentro de su estructura, fortaleciendo iniciativas diversas de impacto social.

Con esa actuación multifacética, la asociación no solo ofrece acogida y talleres, sino que proyecta el futuro. La población brasileña está envejeciendo rápidamente, y hasta 2030 habrá más personas mayores que niños de hasta 14 años, según el IBGE. “Si no damos autonomía a las personas mayores, si no las reinsertamos en el mercado laboral, la sociedad no se va a sostener. El país va a depender del público 60+, y necesitamos prepararlo desde ya”, advierte Álvaro.

Esa mirada estratégica refuerza la misión de la Abrati: resignificar el envejecimiento. En contraposición a la visión de pérdida, la asociación apuesta por envejecer como una fase de crecimiento, aprendizaje y contribución social. “La Abrati, para mí, representa cura. No se trata de dinero, se trata de ser útil, de crear un impacto positivo en la vida de muchas personas y de darle propósito a la propia vida”, afirma el fundador.

Hoy, Álvaro ve en su propio recorrido un reflejo de la transformación que desea para los demás. “Empecé este proyecto a los 24 años y crecí junto a las personas mayores. Eso me hizo un bien enorme. Creo que puede hacerle bien a cualquiera. Envejecer no es un final, es una fase más. Y la Abrati existe para mostrar que cada fase puede ser plena y llena de sentido”.

¿Quieres apoyar esta causa?

Es posible ayudar como voluntario, con donaciones financieras o de materiales. Más información se encuentra en el sitio web y en el Instagram del proyecto.

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