Fundación Agua y Tierra promueve el cuidado de las tortugas marinas en Panamá

En el 2011, un pequeño grupo de panameños empezó a notar que las playas del Pacífico se veían distintas. La vida marina parecía desvanecerse poco a poco. Las tortugas, que por generaciones llegaban a dejar sus huevos en la arena, ya casi no se veían. Un grupo de la comunidad estaba tratando de cuidar de ellas y de la biodiversidad que se perdía frente a sus ojos

Por Lorena Alba

“Teníamos la necesidad de crear algo distinto que pudiera proteger el medio ambiente y también ayudar a nuestras comunidades”, recuerdan sus fundadores. Cuidar no es solo preservarla, también es ofrecer a la gente la oportunidad de vivir con dignidad y equilibrio. Debido a esa inquietud, surge la Fundación Agua y Tierra, una organización comprometida con la conservación de la naturaleza y el cuidado de las tortugas marinas en Panamá.

Una de las iniciativas más relevantes es su programa de seguimiento y cuidado de tortugas marinas. Anualmente consiguen liberar aproximadamente 15.000 tortuguitas o neonatos de especies en peligro, incluyendo la tortuga verde, Carey, Lora y Canal. 

Imaginar una pequeña tortuga avanzando hacia el mar después de ser rescatada no es solo una escena bonita; es el resultado de noches enteras de esfuerzo y vigilancia, y quienes han participado aseguran que la experiencia cambia la manera de ver el mundo.

Adicionalmente, desarrollan programas de educación ambiental para estudiantes de localidades cercanas. A través de charlas y espacios formativos, los jóvenes aprenden el valor de su entorno, la conservación de la naturaleza y fortalecen el sentido de pertenencia y orgullo por su hogar.

Además, la fundación, en alianza con Fundación Eco Tortu y otros actores locales, impulsa el ecoturismo comunitario, que es una alternativa económica para familias locales que han decidido apostar por la conservación. Muchas de estas iniciativas de ecoturismo comunitario son lideradas por mujeres que encontraron en la naturaleza una nueva forma de independencia y propósito.

Transformando las zonas costeras

Panamá enfrenta retos ambientales complejos, como la construcción en zonas costeras que presentan amenaza al ecosistema, limitando el acceso a playas y en donde el cambio climático afecta el área de las tortugas.

Ante esta realidad, Fundación Agua y Tierra ha optado por acompañar a poblaciones locales, educarlas y robustecer su capacidad de adaptación. También apoyan iniciativas que buscan evitar la apropiación indebida de espacios naturales, promoviendo el respeto y el uso responsable de los recursos.

Su trabajo definió el borrador de un la ley para la protección y cuidado de las tortugas marinas en Panamá, que posteriormente, con el apoyo de la red nacional Panatortugas y otros actores, logró la creación de la Ley 371 del 1 de marzo de 2023, que establece la conservación y protección de las tortugas marinas y su hábitat, en Panamá. Este avance, dio fruto de años de esfuerzo y diálogo, demostrando que los cambios más duraderos comienzan desde la unión entre las personas.

Impactos que se sienten en la vida de la gente

La organización ha transformado la vida de muchos habitantes locales abriendo nuevas oportunidades en las zonas costeras. Con los años, han acompañado a familias que antes vivían con pocas oportunidades, ofreciéndoles herramientas para crear emprendimientos, capacitarse y cuidar su entorno al mismo tiempo.

Han llegado aproximadamente a unas 300 personas de forma directa y a más de 1.800 de manera indirecta durante estos últimos seis años, fortaleciendo la economía local y el sentido de comunidad. Muchas de esas historias están ligadas a mujeres que encontraron en la conservación de la naturaleza y el ecoturismo comunitario una manera de crecer, sostener a sus familias y recuperar la conexión con la naturaleza.

En el plano ambiental, su huella se nota en cada playa: miles de tortugas regresan al mar cada año, gracias al esfuerzo constante de quienes protegen los nidos y acompañan cada liberación. Uno de los programas más lindos que ha nacido de este trabajo es la Eco Ruta Tortuga, un proyecto de turismo comunitario que conecta a las comunidades de Mata Oscura, Rusia de Quebro, Higuenoso,  y Loma de Quebro.

Diego Ábrego, líder comunitario de Playa Mata Oscura, lo explica con sencillez. “Mi experiencia con la fundación ha sido transformadora. Este proyecto trajo a nuestra comunidad un programa de educación ambiental que involucró por primera vez a los jóvenes en la conservación de las tortugas marinas. Hoy participan activamente, y eso ha fortalecido la unión entre nosotros. Ver cómo cambian los hábitos y crece el respeto por la naturaleza me llena de orgullo. Ser parte de este grupo ha sido una de las experiencias más gratificantes de mi vida”.

Se entiende que el futuro depende de las nuevas generaciones. Por eso fomentan la participación juvenil mediante Eco Clubes, espacios formativos y acciones enfocadas en temas como la basura marina o el cuidado del agua. La meta es formar líderes locales, personas capaces de defender su entorno desde el conocimiento y el ejemplo.

Actualmente, la organización cuenta con 15 miembros activos, entre ellos voluntarios que dedican tiempo y energía a distintas áreas de trabajo. Aunque su base está en la provincia de Veraguas, las iniciativas educativas y encuentros comunitarios se han extendido a otras localidades, llevando su mensaje de respeto y vínculo con la tierra y el mar.

Una lección que nos incluye a todos

La Fundación Agua y Tierra nos recuerda algo esencial: la naturaleza no necesita héroes, necesita respeto. Su trabajo busca inspirar un cambio profundo en nuestra forma de vivir, promoviendo acciones sostenibles que nazcan desde la conciencia y que cuidar el planeta también es cuidar lo que somos.

¿Cómo ayudar?

Si desea conocer más sobre la organización, puede contactarlos a través de su sitio web o perfil de Instagram y sumarse a sus programas de ecoturismo comunitario y cuidado de tortugas marinas en Panamá.

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Educação comunitária

O Parque é Nosso transforma un antiguo espacio policial en un lugar de educación y convivencia en la Penha

Creado en 2015, el colectivo actúa en el Complexo da Penha con educación, deporte, cultura y acciones de fortalecimiento comunitario para niños, jóvenes, mujeres y personas mayores.
En el Morro da Caixa d’Água, en el Complexo da Penha, Zona Norte de Río de Janeiro, un espacio que en el pasado fue asociado al miedo y a la violencia, hoy recibe a niños para refuerzo escolar, jóvenes para actividades deportivas y mujeres y personas mayores para prácticas de cuidado y convivencia.
Ahí es donde funciona la sede de O Parque é Nosso, colectivo creado en 2015 que, durante diez años, desarrolló sus actividades de forma itinerante por el territorio. Hace aproximadamente un año, el proyecto consiguió una sede y pasó a ocupar un inmueble que antes albergó un Destacamento de Policiamento Ostensivo (DPO), una pequeña unidad policial responsable del patrullaje de la región.
Según los directores del colectivo, Rene Júnio y Suellen Martins, el lugar carga recuerdos dolorosos para los residentes, quienes relatan episodios de violencia en el período en que el espacio funcionaba como unidad policial. La propuesta ahora es resignificar ese pasado y transformar el espacio en un punto de educación comunitaria, cultura, deporte, medio ambiente e integración entre los residentes locales.
Esta transformación ocurre en un territorio marcado también por la violencia armada. El 28 de octubre de 2025, los complejos de la Penha y del Alemão fueron escenario de la Operación Contenção, considerada la acción policial más letal de la historia del estado de Río de Janeiro.
Para quienes viven en el lugar, sin embargo, la historia no termina cuando una operación acaba. Permanecen los niños, las familias, las escuelas, los trabajadores y los proyectos sociales, que siguen abriendo sus puertas y construyendo posibilidades en medio de las dificultades.
En una conversación con los responsables, la Coluna da Neuza conoció más sobre el trabajo desarrollado, los resultados alcanzados a lo largo de los años y los desafíos para mantener y ampliar las actividades.
Coluna da Neuza: Suellen, ¿quién es atendido actualmente por O Parque é Nosso y qué actividades se ofrecen?
Suellen: Atendemos a niños y jóvenes de 5 a 16 años y mujeres de hasta 70 años. Buscamos fortalecer el vínculo con el territorio y ampliar horizontes de formación y ciudadanía por medio de capoeira, fútbol, juegos lúdico afectivos, danza, ejercicio funcional y yoga para mujeres, refuerzo escolar, apoyo psicológico y club de lectura. También realizamos encuentros, charlas, paseos culturales, de ocio y ambientales.
Uno de nuestros objetivos es evitar que los niños normalicen el comercio ilegal de drogas. Queremos que se desarrollen, reconozcan sus talentos y puedan tomar buenas decisiones, y que los resultados se puedan percibir entre los participantes. Algunos niños que pasaron por las actividades deportivas desarrollaron habilidades en el fútbol y hoy juegan en otros clubes. Otros mejoraron el desempeño escolar, mientras que las mujeres relataron beneficios para la salud por medio de las actividades físicas.
Coluna da Neuza: Rene, ¿cuál es hoy la principal demanda del colectivo?
Rene: Nuestra mayor demanda este año está en el área educativa. Tenemos niños de 13 y 14 años con mucha dificultad para leer y escribir y decidimos concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad, principalmente después de la última operación que sucedió aquí, que tuvo un impacto muy fuerte sobre los jóvenes y sus familias.
Queremos que esos adolescentes sigan soñando y pensando en el futuro. Hoy atendemos a 20 niños directamente en el refuerzo escolar y queremos llegar a 100, pero necesitamos recursos para contratar profesores, ofrecer apoyo económico y garantizar alimentación. Un niño aprende mejor cuando tiene alimentación adecuada y condiciones para concentrarse en los estudios.
Nuestra lucha es evitar que jóvenes, sin perspectivas y con dificultades de aprendizaje, terminen tomando decisiones equivocadas.
Coluna da Neuza: Aun con la conquista de una sede, ¿qué dificultades enfrenta todavía el colectivo para mantener las actividades?
Rene: Todavía enfrentamos dificultades financieras. Necesitamos recursos para materiales escolares, deportivos y de limpieza, mantenimiento del espacio, regularización documental y apoyo a los profesionales y voluntarios.
Coluna da Neuza: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes de la iniciativa?
Rene: Una de nuestras mayores necesidades es mantener a los voluntarios que actúan en los talleres. Nos gustaría poder ofrecer al menos un apoyo económico. También necesitamos mejorar la estructura del espacio para que los niños tengan más comodidad durante las actividades.
Ya tenemos entrenamientos funcionales para la tercera edad y yoga para las mujeres, además de rondas de conversación que ayudan a fortalecer esos grupos. Contar con más profesionales permitiría ampliar ese trabajo y atender mejor las necesidades de la comunidad.
Otra prioridad es ampliar la atención con psicólogos y profesionales que desarrollen actividades con las personas mayores. Después de la última incursión policial, percibimos cómo este episodio afectó a los niños, madres, padres y abuelos. Esas familias necesitan cuidado.
Coluna da Neuza: ¿Cuántas personas son atendidas actualmente?
Rene: Hoy atendemos a 197 personas, pero, a lo largo de la existencia del colectivo, ya alcanzamos cerca de 890 familias de tres comunidades del Complexo da Penha: los morros da Caixa d’Água, Sereno y da Paz. El impacto de una iniciativa social no siempre aparece de inmediato; muchas veces solo se vuelve visible mucho tiempo después.
Coluna da Neuza: ¿Qué resultado positivo has percibido en los beneficiarios a lo largo del tiempo?
Rene: Vemos niños que llegaron aquí con 5 o 6 años y hoy están en la universidad o siguiendo nuevos caminos. Algunos de esos jóvenes, incluso, volvieron como voluntarios; percibimos cambios en los hábitos y en la forma como niños, jóvenes, mujeres y personas mayores pasan a ver el futuro.
Creo que el mayor impacto es justamente ese, hacer que las personas vuelvan a soñar y a tener nuevas perspectivas de vida. La percepción también aparece entre las familias atendidas.
Coluna da Neuza: ¿Qué representó la conquista de la sede propia para el colectivo O Parque é Nosso?
Suellen: Nuestra mayor victoria es tener el espacio. Estar en una sede propia, sin pagar alquiler, es una conquista muy importante para nosotros, pero también queremos aumentar nuestros ingresos para ayudar a costear los gastos y lograr atender a más personas dentro de la favela. La cuestión financiera termina involucrando todas las áreas del proyecto.
Necesitamos recursos para el funcionamiento del trabajo, compra de materiales de limpieza, escolares y deportivos, para la regularización de los documentos como el CNPJ, que todavía no tenemos. Nuestro gran desafío es mantener la atención frente a la gran cantidad de personas que nos buscan.
Un espacio para construir otras historias
Donde un día hubo miedo, hoy los niños entran cargando pelotas, juguetes, libros y cuadernos. Las mujeres se encuentran para cuidar su cuerpo e intercambiar ideas entre sí; las personas mayores recuperan movimientos y retoman la convivencia; y jóvenes que llegaron pequeños vuelven adultos para ayudar a otros que están comenzando.
En un territorio constantemente recordado por las noticias de violencia, iniciativas como O Parque é Nosso ayudan a mostrar una parte del Complexo da Penha que no siempre llega al noticiero. Es la historia construida diariamente por quienes permanecen en el territorio, cuidan, educan, comparten conocimiento y crean caminos para que niños y jóvenes puedan imaginar otras posibilidades para el futuro.
Arthur, de 11 años, alumno de 6º grado, practica fútbol y capoeira en el proyecto y cuenta que las actividades tuvieron impacto en su rutina. “Estar aquí me ayuda a tener otras actividades y a no quedarme solo en el celular. También conocí más amigos y pasé a ocupar mejor mi tiempo. Desde que entré al proyecto, me volví más ágil, más despierto y aprendí a tener más disciplina.”
Ítalo Miguel, también de 11 años y alumno de 6º grado, participa en el proyecto hace cuatro años y dice que las clases de refuerzo escolar lo ayudaron en la escuela. “Hago capoeira, fútbol, refuerzo escolar y poesía. Percibo que me volví más ágil y disciplinado. También mejoré mis reflejos, y el refuerzo me ha ayudado bastante en la escuela, principalmente en la escritura.”
Para Bruna, de 24 años, madre de una de las niñas que participan en las actividades de fútbol, el proyecto también tiene un papel importante en la rutina de las familias. “El proyecto es muy importante porque ocupa el tiempo de los niños después de la escuela y evita que se queden sin actividad. También ayuda a alejarlos de situaciones e influencias negativas que forman parte de la realidad del lugar donde vivimos.”

Para más información, sigue y ponte en contacto con el colectivo en Instagram.
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La Coluna da Neuza forma parte de Lupa do Bem, proyecto de Responsabilidad Social Corporativa de la agencia de comunicación Sherlock Communications.

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