El Caracol: la posibilidad de soñar una vida digna fuera de las calles

Desde hace más de 30 años, El Caracol ha sido hogar y el punto de partida a una vida más segura y amable para personas en situación de calle

Por Ximena Mejía

Hace poco más de tres décadas, un grupo de trabajadores emprendió la búsqueda de niños que habían salido de sus casas. Cuando los encontraron, se dieron cuenta de que estaban viviendo en las calles de Garibaldi, un barrio en Ciudad de México donde habitan comunidades desprotegidas. Al conocer de cerca los retos y condiciones que enfrentaban, nació El Caracol, una organización que desde 1994 acompaña e impulsa iniciativas para que esta población acceda a una vida digna fuera de ella.

Visibilizar a las juventudes que sobreviven en las calles fue el punto de partida para El Caracol, que notaba una ausencia de aparatos estatales que atendieran especialmente a la población. Con el tiempo, esta mirada se amplió también a hombres, mujeres y adultos mayores y el objetivo era claro: impulsar los derechos humanos de una población que no estaba siendo atendida. Para ello, era importante construir un modelo que dirigiera sus esfuerzos, más que en ayuda asistencial, hacia el desarrollo humano de esta población, acompañando y brindando atención integral, así como oportunidades de reinserción social  y laboral. 

“Distinto a lo que podría pensarse, la población en la calle llega a ella no sólo por historias familiares complejas, sino también por una serie de negación a los derechos humanos, como el derecho a la vivienda, a la salud, el derecho a la protección y el derecho al trabajo” señala Luis Hernández, Director de El Caracol desde hace más de 15 años y quien señala que esta situación se debe también a la falta de instituciones y políticas públicas para que las personas puedan mejorar sus condiciones de vida. 

En la Ciudad de México, 1124 personas viven en condición de calle. De ellas, el 86% son hombres y el 14%, mujeres, de acuerdo con cifras gubernamentales reportadas en marzo de 2024. Sin embargo, se estima que esta cifra crezca para 2025, especialmente entre poblaciones vulnerables.

Hacia una vida fuera de calle

La labor de El Caracol comienza con la voluntad de quienes deciden trabajar con la organización. En un primer paso, el grupo de trabajadores y voluntarios enfrenta un desafío clave: ganarse la confianza de las personas en situación de calle, uno de los primeros vínculos que se pierden al vivir en el espacio público. 

Para ello, el personal de El Caracol utiliza un chaleco rojo que facilita su identificación e inicia una serie de actividades lúdicas que ayudan a establecer ese vínculo. En un contexto tan vulnerable, este primer acercamiento resulta fundamental, ya que sienta las bases para que, eventualmente, las personas puedan acceder a una vida fuera de la calle.

“‘La calle no hace caricias’ éste es un dicho muy común en la gente que habita la calle, pues se enfrenta a abusos, a discriminación, al frío, a la parte más dura de vivir sin un techo” comenta Hernández. En respuesta a ello, El Caracol hace un diagnóstico sobre el daño físico, motriz y/o psicológico que las personas pueden presentar, y así poder actuar conforme a sus necesidades más urgentes. 

Entre estas, el acceso a tratamientos psicológicos por el consumo de sustancias es un puente que la organización impulsa, así como el acompañamiento en el aprendizaje de un oficio, la capacitación y certificación de habilidades, para lograr el punto final del camino: una vivienda digna, un espacio seguro que puedan finalmente habitar. 

El triunfo de esta meta inicia con pequeños logros: la compra de una parrilla, un mueble para organizar sus pertenencias. La organización acompaña a las personas en cada uno de estos pasos, guiándolas hasta alcanzar una vida independiente.

Escuela de las mariposas  

El derecho a la educación es un derecho avalado por  el artículo tercero de la Constitución Mexicana. Sin embargo, éste es uno de los procesos más rezagados y difíciles de acceder para las infancias que habitan la calle. Siendo éste un derecho universal al que toda niña y niño debería tener, Escuela de las Mariposas es una escuela móvil que, mediante actividades diseñadas para estas edades, las educadoras de El Caracol evalúan sus necesidades psicopedagógicas para brindar las herramientas educativas más adecuadas, y, en un periodo idealmente breve, se pueda lograr que las niñas y niños, una población especialmente delicada, puedan obtener un lugar en una escuela regular. 

La posibilidad del sueño

Entre las vidas de personas que pudieron cambiar por esfuerzos como los de El Caracol, está la de Lilí, una mujer que vivió en la calle desde los 5 hasta los 13 años, una infancia que sobrevivió y encontró a los 11 años en el Caracol el espacio seguro en el que aprendió, entre otros procesos, a conocer sus derechos y defenderse de quienes los vulneraron. 

“En la calle pasas muchos abusos, los policías te levantan y muchas veces no te llevaban a ningún lado, te preguntan directo, ¿tienes con qué pagar? te soltamos, y si no a veces abusaban de ti” comenta mientras cuida a uno de sus hijos dentro de las instalaciones de El Caracol, pues ahora, a sus 40 años, mantiene una relación con la organización con quien sigue aprendiendo. 

La aporofobia, que es el rechazo a personas que viven en pobreza, es un tipo de discriminación a la que se enfrenta esta población, de acuerdo con la experiencia de la organización. “Aquí encontré lo que necesitaba para salir adelante, aprendí que nadie tiene por qué humillarte ni maltratarte y aprendí sobre mis derechos, mi derecho a la escuela, a mis documentos, y por ejemplo, a que en un hospital me atiendan”, narra Lilí.

Los abusos que cuenta Lilí no son una historia personal, se inscriben en un contexto donde la discriminación es una problemática social latente que es necesario visibilizar para poder corregir y construir sociedades más humanas.

La realidad de la calle cambia todos los días, y es por eso que el modelo de El Caracol está en constante cambio. Cada tres meses, la organización evalúa teórica y empíricamente qué ha funcionado para lograr que más personas puedan salir de vivir en las calles y lograr una vida autónoma y digna. 

¿Cómo ayudar?

Quienes deseen conocer más sobre esta iniciativa pueden visitar https://elcaracol.org.mx/ y hacer aportes a través de este enlace.

El Caracol recibe también donativos en especie, y propuestas de voluntario/as que pueden ayudar a hacer el cambio. Conoce más aquí. 

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Educação comunitária

O Parque é Nosso transforma un antiguo espacio policial en un lugar de educación y convivencia en la Penha

Creado en 2015, el colectivo actúa en el Complexo da Penha con educación, deporte, cultura y acciones de fortalecimiento comunitario para niños, jóvenes, mujeres y personas mayores.
En el Morro da Caixa d’Água, en el Complexo da Penha, Zona Norte de Río de Janeiro, un espacio que en el pasado fue asociado al miedo y a la violencia, hoy recibe a niños para refuerzo escolar, jóvenes para actividades deportivas y mujeres y personas mayores para prácticas de cuidado y convivencia.
Ahí es donde funciona la sede de O Parque é Nosso, colectivo creado en 2015 que, durante diez años, desarrolló sus actividades de forma itinerante por el territorio. Hace aproximadamente un año, el proyecto consiguió una sede y pasó a ocupar un inmueble que antes albergó un Destacamento de Policiamento Ostensivo (DPO), una pequeña unidad policial responsable del patrullaje de la región.
Según los directores del colectivo, Rene Júnio y Suellen Martins, el lugar carga recuerdos dolorosos para los residentes, quienes relatan episodios de violencia en el período en que el espacio funcionaba como unidad policial. La propuesta ahora es resignificar ese pasado y transformar el espacio en un punto de educación comunitaria, cultura, deporte, medio ambiente e integración entre los residentes locales.
Esta transformación ocurre en un territorio marcado también por la violencia armada. El 28 de octubre de 2025, los complejos de la Penha y del Alemão fueron escenario de la Operación Contenção, considerada la acción policial más letal de la historia del estado de Río de Janeiro.
Para quienes viven en el lugar, sin embargo, la historia no termina cuando una operación acaba. Permanecen los niños, las familias, las escuelas, los trabajadores y los proyectos sociales, que siguen abriendo sus puertas y construyendo posibilidades en medio de las dificultades.
En una conversación con los responsables, la Coluna da Neuza conoció más sobre el trabajo desarrollado, los resultados alcanzados a lo largo de los años y los desafíos para mantener y ampliar las actividades.
Coluna da Neuza: Suellen, ¿quién es atendido actualmente por O Parque é Nosso y qué actividades se ofrecen?
Suellen: Atendemos a niños y jóvenes de 5 a 16 años y mujeres de hasta 70 años. Buscamos fortalecer el vínculo con el territorio y ampliar horizontes de formación y ciudadanía por medio de capoeira, fútbol, juegos lúdico afectivos, danza, ejercicio funcional y yoga para mujeres, refuerzo escolar, apoyo psicológico y club de lectura. También realizamos encuentros, charlas, paseos culturales, de ocio y ambientales.
Uno de nuestros objetivos es evitar que los niños normalicen el comercio ilegal de drogas. Queremos que se desarrollen, reconozcan sus talentos y puedan tomar buenas decisiones, y que los resultados se puedan percibir entre los participantes. Algunos niños que pasaron por las actividades deportivas desarrollaron habilidades en el fútbol y hoy juegan en otros clubes. Otros mejoraron el desempeño escolar, mientras que las mujeres relataron beneficios para la salud por medio de las actividades físicas.
Coluna da Neuza: Rene, ¿cuál es hoy la principal demanda del colectivo?
Rene: Nuestra mayor demanda este año está en el área educativa. Tenemos niños de 13 y 14 años con mucha dificultad para leer y escribir y decidimos concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad, principalmente después de la última operación que sucedió aquí, que tuvo un impacto muy fuerte sobre los jóvenes y sus familias.
Queremos que esos adolescentes sigan soñando y pensando en el futuro. Hoy atendemos a 20 niños directamente en el refuerzo escolar y queremos llegar a 100, pero necesitamos recursos para contratar profesores, ofrecer apoyo económico y garantizar alimentación. Un niño aprende mejor cuando tiene alimentación adecuada y condiciones para concentrarse en los estudios.
Nuestra lucha es evitar que jóvenes, sin perspectivas y con dificultades de aprendizaje, terminen tomando decisiones equivocadas.
Coluna da Neuza: Aun con la conquista de una sede, ¿qué dificultades enfrenta todavía el colectivo para mantener las actividades?
Rene: Todavía enfrentamos dificultades financieras. Necesitamos recursos para materiales escolares, deportivos y de limpieza, mantenimiento del espacio, regularización documental y apoyo a los profesionales y voluntarios.
Coluna da Neuza: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes de la iniciativa?
Rene: Una de nuestras mayores necesidades es mantener a los voluntarios que actúan en los talleres. Nos gustaría poder ofrecer al menos un apoyo económico. También necesitamos mejorar la estructura del espacio para que los niños tengan más comodidad durante las actividades.
Ya tenemos entrenamientos funcionales para la tercera edad y yoga para las mujeres, además de rondas de conversación que ayudan a fortalecer esos grupos. Contar con más profesionales permitiría ampliar ese trabajo y atender mejor las necesidades de la comunidad.
Otra prioridad es ampliar la atención con psicólogos y profesionales que desarrollen actividades con las personas mayores. Después de la última incursión policial, percibimos cómo este episodio afectó a los niños, madres, padres y abuelos. Esas familias necesitan cuidado.
Coluna da Neuza: ¿Cuántas personas son atendidas actualmente?
Rene: Hoy atendemos a 197 personas, pero, a lo largo de la existencia del colectivo, ya alcanzamos cerca de 890 familias de tres comunidades del Complexo da Penha: los morros da Caixa d’Água, Sereno y da Paz. El impacto de una iniciativa social no siempre aparece de inmediato; muchas veces solo se vuelve visible mucho tiempo después.
Coluna da Neuza: ¿Qué resultado positivo has percibido en los beneficiarios a lo largo del tiempo?
Rene: Vemos niños que llegaron aquí con 5 o 6 años y hoy están en la universidad o siguiendo nuevos caminos. Algunos de esos jóvenes, incluso, volvieron como voluntarios; percibimos cambios en los hábitos y en la forma como niños, jóvenes, mujeres y personas mayores pasan a ver el futuro.
Creo que el mayor impacto es justamente ese, hacer que las personas vuelvan a soñar y a tener nuevas perspectivas de vida. La percepción también aparece entre las familias atendidas.
Coluna da Neuza: ¿Qué representó la conquista de la sede propia para el colectivo O Parque é Nosso?
Suellen: Nuestra mayor victoria es tener el espacio. Estar en una sede propia, sin pagar alquiler, es una conquista muy importante para nosotros, pero también queremos aumentar nuestros ingresos para ayudar a costear los gastos y lograr atender a más personas dentro de la favela. La cuestión financiera termina involucrando todas las áreas del proyecto.
Necesitamos recursos para el funcionamiento del trabajo, compra de materiales de limpieza, escolares y deportivos, para la regularización de los documentos como el CNPJ, que todavía no tenemos. Nuestro gran desafío es mantener la atención frente a la gran cantidad de personas que nos buscan.
Un espacio para construir otras historias
Donde un día hubo miedo, hoy los niños entran cargando pelotas, juguetes, libros y cuadernos. Las mujeres se encuentran para cuidar su cuerpo e intercambiar ideas entre sí; las personas mayores recuperan movimientos y retoman la convivencia; y jóvenes que llegaron pequeños vuelven adultos para ayudar a otros que están comenzando.
En un territorio constantemente recordado por las noticias de violencia, iniciativas como O Parque é Nosso ayudan a mostrar una parte del Complexo da Penha que no siempre llega al noticiero. Es la historia construida diariamente por quienes permanecen en el territorio, cuidan, educan, comparten conocimiento y crean caminos para que niños y jóvenes puedan imaginar otras posibilidades para el futuro.
Arthur, de 11 años, alumno de 6º grado, practica fútbol y capoeira en el proyecto y cuenta que las actividades tuvieron impacto en su rutina. “Estar aquí me ayuda a tener otras actividades y a no quedarme solo en el celular. También conocí más amigos y pasé a ocupar mejor mi tiempo. Desde que entré al proyecto, me volví más ágil, más despierto y aprendí a tener más disciplina.”
Ítalo Miguel, también de 11 años y alumno de 6º grado, participa en el proyecto hace cuatro años y dice que las clases de refuerzo escolar lo ayudaron en la escuela. “Hago capoeira, fútbol, refuerzo escolar y poesía. Percibo que me volví más ágil y disciplinado. También mejoré mis reflejos, y el refuerzo me ha ayudado bastante en la escuela, principalmente en la escritura.”
Para Bruna, de 24 años, madre de una de las niñas que participan en las actividades de fútbol, el proyecto también tiene un papel importante en la rutina de las familias. “El proyecto es muy importante porque ocupa el tiempo de los niños después de la escuela y evita que se queden sin actividad. También ayuda a alejarlos de situaciones e influencias negativas que forman parte de la realidad del lugar donde vivimos.”

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La Coluna da Neuza forma parte de Lupa do Bem, proyecto de Responsabilidad Social Corporativa de la agencia de comunicación Sherlock Communications.

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