Con poco o ningún apoyo, los activistas de la causa animal dedican su tiempo y dinero a la vida de los gatitos.
Quizás el amor por los gatos sea la principal razón por la que protectores independientes se dediquen al bienestar de centenares de animales que fueron abandonados en las calles. Más allá de su pasión, cuidar de los gatos también tiene que ver con su deber de responsabilidad, pues alimentarlos, esterilizarlos y tratar sus enfermedades requieren una dedicación diaria de sus equipos.
Son comunes las historias de activistas que se endeudan para salvar la vida de los felinos. Los costos con rescate, tratamientos, castración y alimentación son solo algunos de los retos que un protector animal afronta. Sin políticas públicas que consideren la causa animal, toca organizarse en grupos para solucionar todo.
Todo el trabajo de los activistas se hace de forma independiente, sin ningún apoyo institucional. Pese a eso, no ahorran esfuerzos para el bienestar de los michis. Si esa causa te toca el alma o conoces a alguien con el mismo sentimiento, conoces los aprietos por los que pasan quienes cuidan de centenares de animales callejeros.
Para conocer el cotidiano de algunos de esos protectores e inspirarse con sus historias, les presentamos Alysson Ricardo, de SOS Pets, ubicada en Mossoró, en el estado nororiental brasileño de Río Grande do Norte, e Ilka Westermeyer, que dirige Gatinhos Pedra da Cebola, de Vitoria, capital del estado suroriental de Espírito Santo. Ellos nos cuentan cómo empezaron su recorrido como activistas, cómo cuidan a los animales y de qué manera se puede colaborar con la causa. Descubre más a continuación.
SOS Pets
“Soy profesor de historia, estudiante de medicina veterinaria y cuido a los animales desde el 2015. Empecé con pequeñas cosas, como dar comida a los animales que vivían en mi calle. Sin embargo, desde el 2020 asisto a los animales del Campus Oeste de la Universidad Federal Rural del Semiarido (Ufersa). En aquella época, el sitio estaba vacío debido a la pandemia y hacía falta cuidar a los animales que vivían allí.
|A raíz de mi trabajo en Ufersa, se creó SOS Pets. Es un proyecto independiente. No somos una ONG, ni nada. No hubo ninguna actitud política de la universidad respecto a eso. Tampoco la carrera de medicina veterinaria posee un sentimiento de responsabilidad social. Por ejemplo, nunca ha existido una actividad de cuidado auspiciada por la facultad como institución o un proyecto complementario, nada.
Empecé dando comida a los animales del campus en la pandemia, pero me di cuenta de que se necesitaba mucho más trabajo y suministrar una cantidad de alimento mucho más grande de la que teníamos. Los 5 kilos diarios que algunos voluntarios y yo reuníamos no eran suficientes. Nos hacía falta por lo menos ocho para alimentar a más de 250 animales.
Hoy día, tras todo nuestro trabajo de esterilización y promoción de adopción, todavía siguen unos 180 animales en el campus, gatos en su mayoría. Ellos son muy territoriales. Deben haber unos diez perros. Todos los días cuatro voluntarios y yo vamos al campus para alimentarlos por la mañana y la tarde.
Lo que más nos preocupa es la esterilización, que es la única manera de controlar la reproducción de estos animales. Pero sólo la logramos cuando recibimos una donación, lo que es raro. Por lo general, nos toca pagar, y ahí entramos en el dilema entre alimentar o castrar. También mostramos cuáles animales están disponibles para la adopción. Hemos logrado más de 250 en los últimos años, de los cuales 102 ocurrieron el año pasado.
Todavía abandonan a muchos animales en el campus de la universidad, pero esa no es la razón de su número excesivo, sino la reproducción. Una única gata puede tener seis gatitos y, si la mitad es de hembras, imagínate la cantidad de nuevos gatitos. Sin embargo, la universidad no ofrece la esterilización, tampoco los cuida. Los alimentamos, intentamos castrarlos y luego promocionamos su adopción.
Si dejáramos de cuidar a esos animales, el impacto sería enorme. Ellos volverían a reproducirse, tendríamos mucho más animales enfermos y hambrientos, originando nuevas cuestiones de salud pública. Aún así, la institución no respalda nuestro trabajo. No nos colabora ni siquiera con promover nuestro trabajo, tampoco se hace cargo de acciones para evitar más abandonos. No posee una política interna de conciencia sobre el bienestar animal. No hay nada.
La alcaldía de Mossoró ofrece un programa de esterilización, pero limitado a personas de escasos recursos. Se trata de una alianza con una clínica privada, pero no puedo acudir a ella porque soy profesor y, con mis ingresos, no califico. Lo que más me molesta es la omisión de la universidad donde viven los gatitos. Es un vacío inmenso de responsabilidad con los animales del campus.”
Testimonio de Alysson Ricardo, profesor de história, estudiante de medicina veterinaria y protector animal independiente.
Gatinhos Pedra da Cebola
“Soy profesional de marketing. Soy alemana, me casé con un brasileño y, al mudarme para Vitoria, me uní a un grupo local llamado Gatinhos Pedra da Cebola. Sin embargo, siempre he tenido gatos. Mi casa en Alemania ha tenido gatos desde antes de yo nacer, por lo que amo a los gatos desde pequeña.
El grupo Pedra da Cebola se ha creado en 2018. En el parque municipal donde está la piedra había muchas camadas de gatos, algunos enfermos o heridos. Había como unos 200 gatos, por lo que no podíamos retirarlos de allá. Muchos eran cimarrones y no aceptaban convivir con los humanos, por lo que no se podría darlos en adopción, de modo que nuestro primer pensamiento fue esterilizarlos y luego regresarlos al parque.
Yo me uní al grupo en la pandemia, en el 2020. En aquel entonces, el grupo ya había podido esterilizar unos cien gatos, pero hacía falta hacerlo com más de cien. Los sobrantes eran los más rabiosos, que no entraban en la caja de transporte, y fue a ellos a quienes me dediqué. Compré una caja especial, conocida como Drop Trap, y capturé los demás. Para capturar algunos recurrimos a una red, como las usadas con caimanes.
Yo pagué unas 100 esterilizaciones de mi bolsillo en tres años de capturas, porque sin la castración los gatitos tendrían más cachorros y seguiría el problema. Fue la solución y así pudimos cerrar la colonia.
Hoy todos los gatos del parque son castrados, con excepción de los nuevos que entraron, porque la gente simplemente todavía los abandona. Ahora sigo buscando a los gatos abandonados para esterilizarlos lo más pronto posible, sino volverán a crearse las camadas.
Tras la castración de los gatos notamos un cambio fantástico en el parque. Antes había una gran cantidad de gatos enfermos, muy delgados, con esporotricosis o escabiosis, lo que no sucede hoy día. También nos hacemos cargo de alimentarlos todos los días. Los gatos están más gorditos, con su pelo más saludable, así que hemos podido mejorar su calidad de vida.
La tendencia es que los machos se calmen y, cuando encontramos a alguien interesado en la adopción, retiramos el gato del parque para esa persona. Pero todavía es una situación poco común, porque muchos no están en el perfil más requerido. También retiramos a las gatas embarazadas, gatitos muy pequeños, incapaces de sobrevivir solos y gatos muy enfermos. Todos son enviados a espacios de acogida temporales.
Nuestro grupo es formado por un núcleo principal con seis mujeres, que toman las decisiones administrativas, llevan los gatos al veterinario, buscan donaciones y crean ferias y eventos para recaudar fondos. Más allá de este núcleo, contamos con unos 25 voluntarios que nos ayudan en varias cosas, como alimentación u otros cuidados.
Nos endeudamos mucho. La alcaldía de Vitoria posee un programa de Bienestar Animal que nos ha ayudado con castraciones en clínicas aliadas. Aún así, afrontamos gastos con veterinario, hogares temporales, medicinas y alimento para los 150 gatos del parque.
Por alguna razón tengo el talento de capturar los gatos cimarrones, y hoy realizo esa captura en otros lugares de Vitoria, con tal de que la alcaldía acuda a mí cuando descubre nuevas camadas. Es una labor difícil, porque soy la única capaz de capturar estos gatos ferales. Lo hago voluntariamente, pero también tengo que cumplir con mi trabajo diario y eso exige mucho de mi tiempo.”
Relato de Ilka Westermeyer, pequeña empresaria y protectora animal independiente
¿Te gustó las historias?
¡Ingresa a los perfiles SOS Pets y Gatinhos Pedra da Cebola en Instagram y dona!