Puxirum Manaus y los malabares solidarios en la capital de Amazonas

El grupo llegó a las comunidades tradicionales y a los agricultores desde el inicio de la pandemia del covid-19 y hoy colabora con la autonomía de cada uno de ellos

De: Eduarda Nunes – Lupa do Bem / Favela em Pauta

Crédito: Divulgación

Durante la pandemia, muchas personas se unieron en proyectos de asistencia humanitaria por todo el país, y no fue diferente en Manaus, capital de Amazonas. Allí, en 2020, Puxirum do Bem Viver surgió como una vía alternativa entre quien quería donar y quien precisaba recibir alimentos, material de higiene y equipamiento de protección individual.

“Empezamos a actuar aquí, en Manaus, junto con un grupo de personas de otros lugares, como un colectivo centrado en la agroecología y en la entrega de alimentos. No nos conocíamos bien, nos fuimos conociendo a través de las acciones”, cuenta Yago Santos, ingeniero ambiental que está en el grupo desde el principio.

El grupo está formado por voluntarios que contribuyen de diferentes partes del país, pero la mayor parte del equipo vive en la Región Norte.

En este escenario, el proyecto recaudó donativos en dinero, alimentos, material de higiene y protección individual y los destinó a las comunidades indígenas que, durante la pandemia, tuvieron su salud aún más desatendida.

De acuerdo con los datos de la Articulação dos Povos Indígenas do Brasil – APIB, en Brasil, hubo 75.487 casos de indígenas infectados con covid-19. El número representa a 162 pueblos afectados por la enfermedad, que provocó la muerte de 1.324 indígenas.

Amazonas fue uno de los estados que registró víctimas indígenas del covid-19 e iniciativas como la Unidade de Apoio Indígena – UAPI, un hospital de campaña creado y administrado por los propios indígenas, fueron algunas de las soluciones encontradas para cuidar de la población.

La práctica de la incidencia del Puxirum

Con las donaciones monetarias, Puxirum garantizaba el cultivo de los agricultores de la Rede Maniva, que se quedaron sin espacio para vender sus productos orgánicos por la suspensión de las ferias y las fuertes alteraciones en las ventas. El objetivo era colaborar con el sustento y las ventas de estos agricultores, para poder trasladar los alimentos a las comunidades indígenas.

Sin embargo, durante la pandemia, hubo un aumento significativo y acelerado del hambre y de la inseguridad alimenticia. Según el estudio de la Rede Brasileira de Pesquisa em Soberania e Segurança Alimentar – Rede PENSSAN, en 2022, más de 125 millones de brasileños convivieron con la inseguridad alimenticia en algún grado y 33,1 millones enfrentaron el hambre.

La calidad y la cantidad de los alimentos disminuyeron y los grupos sociales que ya eran vulnerables se tornaron aún más vulnerables. Además, la crisis de abastecimiento de oxígeno que asoló la red de salud de Manaus fue decisiva para que el grupo intensificase el trabajo que estaba realizando.

De este modo, las relaciones se estrecharon con nuevas organizaciones. Se unieron a la Rede Maniva en esa articulación el Parque das Tribos, la Associação de Mulheres Indígenas Sateré Mawé y el pueblo Apurinã. En torno de 70 familias pudieron beneficiarse de la colaboración que se estableció con Puxirum.

Perspectivas futuras

Al inicio, el grupo actuó de forma urgente y hoy, pasados los momentos más críticos de la pandemia, el colectivo trabaja junto a las comunidades beneficiadas auxiliándolas a conquistar su propia autonomía.

“El vínculo nos ayuda a entender lo que se demanda, lo que es necesario en los territorios y a entender ese proceso de todos ellos de vulnerabilidad porque fueron hechos vulnerables”, cuenta el fotógrafo y también voluntario del grupo, Beto Oliveira.

En este sentido, el grupo ya ha podido auxiliar en la construcción de huertas comunitarias, en la reorganización de los espacios donde los indígenas producen y también en la articulación de otros colectivos para prestar atención a las cuestiones climáticas.

Para Yago, ingeniero y miembro de Puxirum, las cuestiones climáticas y sostenibles son “un escenario presente, que afecta completamente a la calidad de vida de las personas y que exige programas para el cambio”.

Al final, la principal expectativa del colectivo es hacer parte de la construcción de un camino para el buen vivir, un modo de vida en el que la colectividad sea la pieza clave para que no haya violencia y otros malestares sociales, sino respeto por el funcionamiento de cada una de las partes que componen la vida en sociedad.

Para acompañar y también conocer los medios de realizar apoyo financiero o voluntario, basta con seguir el perfil del grupo en Instagram: @puxirummanaus.

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Educação comunitária

O Parque é Nosso transforma un antiguo espacio policial en un lugar de educación y convivencia en la Penha

Creado en 2015, el colectivo actúa en el Complexo da Penha con educación, deporte, cultura y acciones de fortalecimiento comunitario para niños, jóvenes, mujeres y personas mayores.
En el Morro da Caixa d’Água, en el Complexo da Penha, Zona Norte de Río de Janeiro, un espacio que en el pasado fue asociado al miedo y a la violencia, hoy recibe a niños para refuerzo escolar, jóvenes para actividades deportivas y mujeres y personas mayores para prácticas de cuidado y convivencia.
Ahí es donde funciona la sede de O Parque é Nosso, colectivo creado en 2015 que, durante diez años, desarrolló sus actividades de forma itinerante por el territorio. Hace aproximadamente un año, el proyecto consiguió una sede y pasó a ocupar un inmueble que antes albergó un Destacamento de Policiamento Ostensivo (DPO), una pequeña unidad policial responsable del patrullaje de la región.
Según los directores del colectivo, Rene Júnio y Suellen Martins, el lugar carga recuerdos dolorosos para los residentes, quienes relatan episodios de violencia en el período en que el espacio funcionaba como unidad policial. La propuesta ahora es resignificar ese pasado y transformar el espacio en un punto de educación comunitaria, cultura, deporte, medio ambiente e integración entre los residentes locales.
Esta transformación ocurre en un territorio marcado también por la violencia armada. El 28 de octubre de 2025, los complejos de la Penha y del Alemão fueron escenario de la Operación Contenção, considerada la acción policial más letal de la historia del estado de Río de Janeiro.
Para quienes viven en el lugar, sin embargo, la historia no termina cuando una operación acaba. Permanecen los niños, las familias, las escuelas, los trabajadores y los proyectos sociales, que siguen abriendo sus puertas y construyendo posibilidades en medio de las dificultades.
En una conversación con los responsables, la Coluna da Neuza conoció más sobre el trabajo desarrollado, los resultados alcanzados a lo largo de los años y los desafíos para mantener y ampliar las actividades.
Coluna da Neuza: Suellen, ¿quién es atendido actualmente por O Parque é Nosso y qué actividades se ofrecen?
Suellen: Atendemos a niños y jóvenes de 5 a 16 años y mujeres de hasta 70 años. Buscamos fortalecer el vínculo con el territorio y ampliar horizontes de formación y ciudadanía por medio de capoeira, fútbol, juegos lúdico afectivos, danza, ejercicio funcional y yoga para mujeres, refuerzo escolar, apoyo psicológico y club de lectura. También realizamos encuentros, charlas, paseos culturales, de ocio y ambientales.
Uno de nuestros objetivos es evitar que los niños normalicen el comercio ilegal de drogas. Queremos que se desarrollen, reconozcan sus talentos y puedan tomar buenas decisiones, y que los resultados se puedan percibir entre los participantes. Algunos niños que pasaron por las actividades deportivas desarrollaron habilidades en el fútbol y hoy juegan en otros clubes. Otros mejoraron el desempeño escolar, mientras que las mujeres relataron beneficios para la salud por medio de las actividades físicas.
Coluna da Neuza: Rene, ¿cuál es hoy la principal demanda del colectivo?
Rene: Nuestra mayor demanda este año está en el área educativa. Tenemos niños de 13 y 14 años con mucha dificultad para leer y escribir y decidimos concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad, principalmente después de la última operación que sucedió aquí, que tuvo un impacto muy fuerte sobre los jóvenes y sus familias.
Queremos que esos adolescentes sigan soñando y pensando en el futuro. Hoy atendemos a 20 niños directamente en el refuerzo escolar y queremos llegar a 100, pero necesitamos recursos para contratar profesores, ofrecer apoyo económico y garantizar alimentación. Un niño aprende mejor cuando tiene alimentación adecuada y condiciones para concentrarse en los estudios.
Nuestra lucha es evitar que jóvenes, sin perspectivas y con dificultades de aprendizaje, terminen tomando decisiones equivocadas.
Coluna da Neuza: Aun con la conquista de una sede, ¿qué dificultades enfrenta todavía el colectivo para mantener las actividades?
Rene: Todavía enfrentamos dificultades financieras. Necesitamos recursos para materiales escolares, deportivos y de limpieza, mantenimiento del espacio, regularización documental y apoyo a los profesionales y voluntarios.
Coluna da Neuza: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes de la iniciativa?
Rene: Una de nuestras mayores necesidades es mantener a los voluntarios que actúan en los talleres. Nos gustaría poder ofrecer al menos un apoyo económico. También necesitamos mejorar la estructura del espacio para que los niños tengan más comodidad durante las actividades.
Ya tenemos entrenamientos funcionales para la tercera edad y yoga para las mujeres, además de rondas de conversación que ayudan a fortalecer esos grupos. Contar con más profesionales permitiría ampliar ese trabajo y atender mejor las necesidades de la comunidad.
Otra prioridad es ampliar la atención con psicólogos y profesionales que desarrollen actividades con las personas mayores. Después de la última incursión policial, percibimos cómo este episodio afectó a los niños, madres, padres y abuelos. Esas familias necesitan cuidado.
Coluna da Neuza: ¿Cuántas personas son atendidas actualmente?
Rene: Hoy atendemos a 197 personas, pero, a lo largo de la existencia del colectivo, ya alcanzamos cerca de 890 familias de tres comunidades del Complexo da Penha: los morros da Caixa d’Água, Sereno y da Paz. El impacto de una iniciativa social no siempre aparece de inmediato; muchas veces solo se vuelve visible mucho tiempo después.
Coluna da Neuza: ¿Qué resultado positivo has percibido en los beneficiarios a lo largo del tiempo?
Rene: Vemos niños que llegaron aquí con 5 o 6 años y hoy están en la universidad o siguiendo nuevos caminos. Algunos de esos jóvenes, incluso, volvieron como voluntarios; percibimos cambios en los hábitos y en la forma como niños, jóvenes, mujeres y personas mayores pasan a ver el futuro.
Creo que el mayor impacto es justamente ese, hacer que las personas vuelvan a soñar y a tener nuevas perspectivas de vida. La percepción también aparece entre las familias atendidas.
Coluna da Neuza: ¿Qué representó la conquista de la sede propia para el colectivo O Parque é Nosso?
Suellen: Nuestra mayor victoria es tener el espacio. Estar en una sede propia, sin pagar alquiler, es una conquista muy importante para nosotros, pero también queremos aumentar nuestros ingresos para ayudar a costear los gastos y lograr atender a más personas dentro de la favela. La cuestión financiera termina involucrando todas las áreas del proyecto.
Necesitamos recursos para el funcionamiento del trabajo, compra de materiales de limpieza, escolares y deportivos, para la regularización de los documentos como el CNPJ, que todavía no tenemos. Nuestro gran desafío es mantener la atención frente a la gran cantidad de personas que nos buscan.
Un espacio para construir otras historias
Donde un día hubo miedo, hoy los niños entran cargando pelotas, juguetes, libros y cuadernos. Las mujeres se encuentran para cuidar su cuerpo e intercambiar ideas entre sí; las personas mayores recuperan movimientos y retoman la convivencia; y jóvenes que llegaron pequeños vuelven adultos para ayudar a otros que están comenzando.
En un territorio constantemente recordado por las noticias de violencia, iniciativas como O Parque é Nosso ayudan a mostrar una parte del Complexo da Penha que no siempre llega al noticiero. Es la historia construida diariamente por quienes permanecen en el territorio, cuidan, educan, comparten conocimiento y crean caminos para que niños y jóvenes puedan imaginar otras posibilidades para el futuro.
Arthur, de 11 años, alumno de 6º grado, practica fútbol y capoeira en el proyecto y cuenta que las actividades tuvieron impacto en su rutina. “Estar aquí me ayuda a tener otras actividades y a no quedarme solo en el celular. También conocí más amigos y pasé a ocupar mejor mi tiempo. Desde que entré al proyecto, me volví más ágil, más despierto y aprendí a tener más disciplina.”
Ítalo Miguel, también de 11 años y alumno de 6º grado, participa en el proyecto hace cuatro años y dice que las clases de refuerzo escolar lo ayudaron en la escuela. “Hago capoeira, fútbol, refuerzo escolar y poesía. Percibo que me volví más ágil y disciplinado. También mejoré mis reflejos, y el refuerzo me ha ayudado bastante en la escuela, principalmente en la escritura.”
Para Bruna, de 24 años, madre de una de las niñas que participan en las actividades de fútbol, el proyecto también tiene un papel importante en la rutina de las familias. “El proyecto es muy importante porque ocupa el tiempo de los niños después de la escuela y evita que se queden sin actividad. También ayuda a alejarlos de situaciones e influencias negativas que forman parte de la realidad del lugar donde vivimos.”

Para más información, sigue y ponte en contacto con el colectivo en Instagram.
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La Coluna da Neuza forma parte de Lupa do Bem, proyecto de Responsabilidad Social Corporativa de la agencia de comunicación Sherlock Communications.

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