Abuelitos Heladeros: un movimiento que acompaña y protege a las personas mayores en Guatemala

Abuelitos Heladeros

En el país de Centroamérica, siete de cada diez adultos mayores viven en pobreza y más del 40 % han sido abandonados por sus familias, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE)

Por Gabriela Méndez

El sonido de una campanita, una carreta cargada de helados y la sonrisa de un abuelito en la esquina del parque, forman parte de la memoria de muchos guatemaltecos. Esa nostalgia que evoca infancia y pequeños momentos de alegría, se ha transformado en un símbolo de solidaridad: Abuelitos Heladeros, una organización sin fines de lucro que desde 2020 acompaña a adultos mayores en situación de vulnerabilidad, devolviéndoles dignidad, cuidados y esperanza.

La  fundación nació en plena pandemia del Covid-19, cuando las calles vacías dejaron a decenas de abuelitos sin posibilidad de vender los helados que durante años habían sido su sustento. María Isabel Grajeda, fundadora del proyecto, conoció entonces a don Julio, uno de los primeros beneficiarios, y comprendió que lo que parecía una ayuda temporal debía convertirse en un acompañamiento permanente. 

“Yo aquí llegué a experimentar el amor y cuidados que ni siquiera mis papás lograron a darme, encontré una familia que me quiere y se preocupa por mí en todo”, comparte Don Julio con lágrimas en los ojos. Su testimonio de una vida entera de esfuerzo, marcado por la enfermedad terminal y abandono en sus últimos años inspiró a la creación de toda esta ayuda para hoy más de 50 abuelitos. Gracias a él, María Isabel entendió que ningún abuelito debería enfrentar su vejez, los años más difíciles, en completo abandono. Su historia fue la chispa que convirtió una ayuda  única en sustento permanente para él y muchos abuelitos más. Expandiendo esta obra de generosidad a través del tiempo y cada vez más abuelitos beneficiados.

“Jamás pensamos en crear una fundación; lo único que queríamos era que los abuelitos no pasaran hambre ni se quedaran sin las medicinas que necesitaban urgentemente pero no podían pagar. Pero al conocer de fondo la necesidad que cada abuelito tenía nos terminó de confirmar que esto debía ir más allá de una ayuda momentánea y convertirse en un compromiso permanente, desde el 2023 iniciamos formalmente la fundación”, explica Grajeda. 

Aunque el nombre conserva la esencia de su origen, hoy Abuelitos Heladeros es mucho más. Actualmente, acompañan a alrededor de 50 adultos mayores que sobreviven en oficios como la venta de periódicos, algodones de azúcar, venta de tickets de lotería o dulces típicos. Muchos caminan más de 10 kilómetros diarios, empujando carretillas de casi 90 kilos bajo el sol o la lluvia, con ingresos que apenas alcanzan los 20 quetzales al día (unos USD 2.50).

Es importante mencionar que la fundación no los impulsa ni obliga a trabajar. Por el contrario, su labor es garantizar que cuenten con alimentos, medicinas, atención médica y compañía, sin importar cuál sea su trabajo, siempre dentro de la economía informal. Mantener el nombre es un homenaje a sus orígenes y un recordatorio del valor del esfuerzo realizado, pero el propósito central es claro: asegurar una vejez digna a quienes más lo necesitan, los abuelitos más olvidados, que deben salir a trabajar cada día para no morir de hambre.

Un logro reciente ha sido la incorporación de una enfermera, la cual realiza labores de chequeos básicos, control de medicamentos, transporte y acompañamiento al médico y atención emocional. Este acompañamiento integral demuestra que no solo se trata de cubrir lo físico, sino también de brindar cercanía, escucha y compañía en una etapa de la vida marcada con frecuencia por la soledad.

Don Juanito: la memoria viva del esfuerzo

Entre las historias que reflejan el impacto de Abuelitos Heladeros está la de don Juanito, un abuelito que durante décadas recorrió la ciudad con su carreta de helados. Hoy, a sus 76 años, enfrenta Alzheimer, una enfermedad que le ha ido quitando la memoria y los recuerdos de aquellos años, pero no las ganas de sentirse útil.

Con el avance de su condición, complicándose con una ceguera casi completa, se volvió riesgoso que trabajara solo en las calles. En varias ocasiones se perdió camino a trabajar y tuvo que dormir en las calles. La fundación decidió asumir completamente su cuidado: vivienda, alimentación, medicinas y terapias ocupacionales forman ahora parte de su día a día. Durante la semana recibe atención en un centro especializado y está acompañado por la enfermera de la organización; los fines de semana, por insistencia suya, todavía vende algunos helados cerca de su hogar, con la ilusión de mantener vivo el oficio que lo definió durante toda su vida.

“Lo importante no es cuánto logra vender, sino que sienta que no ha perdido su propósito”, explican los organizadores. Hoy, don Juanito no solo cuenta con una comunidad que lo acompaña y le recuerda que su esfuerzo sigue siendo valioso, sino que puede experimentar algo que la pobreza y el abandono le habían arrebatado: la certeza de que su vida sigue siendo importante. 

Una red de apoyo que transforma vidas

El sostenimiento de la fundación ha sido posible gracias a la solidaridad ciudadana. A través de su programa de apadrinamiento, las personas pueden aportar desde 50 quetzales al mes (USD 7), mediante un sistema de pago automatizado que asegura constancia y transparencia. También existe la opción de realizar donaciones únicas, adaptadas a las posibilidades de cada colaborador por medio de su sitio web.

Además de los aportes económicos, la organización recibe donaciones en especie como víveres, suplementos alimenticios y artículos de primera necesidad que permiten responder a emergencias puntuales y cubrir necesidades que van más allá de la nutrición y la salud. Con cada padrino, donante o empresa aliada se fortalece una red de apoyo que asegura que los abuelitos nunca más se sientan abandonados.

Una realidad nacional que no se puede ignorar

La labor de Abuelitos Heladeros se enmarca en un contexto complejo: en Guatemala, siete de cada diez adultos mayores viven en pobreza, más del 40% han sido abandonados por sus familias y cerca del 60% enfrenta soledad y falta de acceso a medicamentos según datos del INE. A diferencia de otros países, donde existen pensiones universales o sistemas de salud robustos, en Guatemala muchos de ellos siguen trabajando hasta avanzada edad para poder sobrevivir.

Ante esa realidad, iniciativas como Abuelitos Heladeros se convierten en una respuesta solidaria que demuestra que la sociedad puede organizarse para cuidar a quienes más lo necesitan. Uno de los objetivos principales de la fundación es seguir creciendo y poder ayudar a muchos abuelitos más, dada la situación del país respecto al abandono del adulto mayor. “Sabemos que el trabajo aún inicia y que son miles de abuelitos más los que necesitan esta ayuda, es por esto que seguimos pidiendo la generosidad de las personas para llegar a cada vez más abuelitos” comparte Grajeda.

¿Cómo ayudar?

La fundación organiza diversas actividades de recaudación para sostener su labor, pero confían en que el verdadero cambio es posible gracias a la solidaridad de las personas y el compromiso de las empresas. Cada aporte, grande o pequeño, significa alimentos, medicinas y compañía para quienes más lo necesitan.

Quienes deseen sumarse y conocer más de la iniciativa pueden acceder al sitio web www.abuelitosheladeros.com, a los perfiles en Instagram y Facebook (@abuelitosheladeros), escribir al correo abuelitosheladeros@gmail.com o llamar al teléfono (+502) 4674-4358.

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Educação comunitária

O Parque é Nosso transforma un antiguo espacio policial en un lugar de educación y convivencia en la Penha

Creado en 2015, el colectivo actúa en el Complexo da Penha con educación, deporte, cultura y acciones de fortalecimiento comunitario para niños, jóvenes, mujeres y personas mayores.
En el Morro da Caixa d’Água, en el Complexo da Penha, Zona Norte de Río de Janeiro, un espacio que en el pasado fue asociado al miedo y a la violencia, hoy recibe a niños para refuerzo escolar, jóvenes para actividades deportivas y mujeres y personas mayores para prácticas de cuidado y convivencia.
Ahí es donde funciona la sede de O Parque é Nosso, colectivo creado en 2015 que, durante diez años, desarrolló sus actividades de forma itinerante por el territorio. Hace aproximadamente un año, el proyecto consiguió una sede y pasó a ocupar un inmueble que antes albergó un Destacamento de Policiamento Ostensivo (DPO), una pequeña unidad policial responsable del patrullaje de la región.
Según los directores del colectivo, Rene Júnio y Suellen Martins, el lugar carga recuerdos dolorosos para los residentes, quienes relatan episodios de violencia en el período en que el espacio funcionaba como unidad policial. La propuesta ahora es resignificar ese pasado y transformar el espacio en un punto de educación comunitaria, cultura, deporte, medio ambiente e integración entre los residentes locales.
Esta transformación ocurre en un territorio marcado también por la violencia armada. El 28 de octubre de 2025, los complejos de la Penha y del Alemão fueron escenario de la Operación Contenção, considerada la acción policial más letal de la historia del estado de Río de Janeiro.
Para quienes viven en el lugar, sin embargo, la historia no termina cuando una operación acaba. Permanecen los niños, las familias, las escuelas, los trabajadores y los proyectos sociales, que siguen abriendo sus puertas y construyendo posibilidades en medio de las dificultades.
En una conversación con los responsables, la Coluna da Neuza conoció más sobre el trabajo desarrollado, los resultados alcanzados a lo largo de los años y los desafíos para mantener y ampliar las actividades.
Coluna da Neuza: Suellen, ¿quién es atendido actualmente por O Parque é Nosso y qué actividades se ofrecen?
Suellen: Atendemos a niños y jóvenes de 5 a 16 años y mujeres de hasta 70 años. Buscamos fortalecer el vínculo con el territorio y ampliar horizontes de formación y ciudadanía por medio de capoeira, fútbol, juegos lúdico afectivos, danza, ejercicio funcional y yoga para mujeres, refuerzo escolar, apoyo psicológico y club de lectura. También realizamos encuentros, charlas, paseos culturales, de ocio y ambientales.
Uno de nuestros objetivos es evitar que los niños normalicen el comercio ilegal de drogas. Queremos que se desarrollen, reconozcan sus talentos y puedan tomar buenas decisiones, y que los resultados se puedan percibir entre los participantes. Algunos niños que pasaron por las actividades deportivas desarrollaron habilidades en el fútbol y hoy juegan en otros clubes. Otros mejoraron el desempeño escolar, mientras que las mujeres relataron beneficios para la salud por medio de las actividades físicas.
Coluna da Neuza: Rene, ¿cuál es hoy la principal demanda del colectivo?
Rene: Nuestra mayor demanda este año está en el área educativa. Tenemos niños de 13 y 14 años con mucha dificultad para leer y escribir y decidimos concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad, principalmente después de la última operación que sucedió aquí, que tuvo un impacto muy fuerte sobre los jóvenes y sus familias.
Queremos que esos adolescentes sigan soñando y pensando en el futuro. Hoy atendemos a 20 niños directamente en el refuerzo escolar y queremos llegar a 100, pero necesitamos recursos para contratar profesores, ofrecer apoyo económico y garantizar alimentación. Un niño aprende mejor cuando tiene alimentación adecuada y condiciones para concentrarse en los estudios.
Nuestra lucha es evitar que jóvenes, sin perspectivas y con dificultades de aprendizaje, terminen tomando decisiones equivocadas.
Coluna da Neuza: Aun con la conquista de una sede, ¿qué dificultades enfrenta todavía el colectivo para mantener las actividades?
Rene: Todavía enfrentamos dificultades financieras. Necesitamos recursos para materiales escolares, deportivos y de limpieza, mantenimiento del espacio, regularización documental y apoyo a los profesionales y voluntarios.
Coluna da Neuza: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes de la iniciativa?
Rene: Una de nuestras mayores necesidades es mantener a los voluntarios que actúan en los talleres. Nos gustaría poder ofrecer al menos un apoyo económico. También necesitamos mejorar la estructura del espacio para que los niños tengan más comodidad durante las actividades.
Ya tenemos entrenamientos funcionales para la tercera edad y yoga para las mujeres, además de rondas de conversación que ayudan a fortalecer esos grupos. Contar con más profesionales permitiría ampliar ese trabajo y atender mejor las necesidades de la comunidad.
Otra prioridad es ampliar la atención con psicólogos y profesionales que desarrollen actividades con las personas mayores. Después de la última incursión policial, percibimos cómo este episodio afectó a los niños, madres, padres y abuelos. Esas familias necesitan cuidado.
Coluna da Neuza: ¿Cuántas personas son atendidas actualmente?
Rene: Hoy atendemos a 197 personas, pero, a lo largo de la existencia del colectivo, ya alcanzamos cerca de 890 familias de tres comunidades del Complexo da Penha: los morros da Caixa d’Água, Sereno y da Paz. El impacto de una iniciativa social no siempre aparece de inmediato; muchas veces solo se vuelve visible mucho tiempo después.
Coluna da Neuza: ¿Qué resultado positivo has percibido en los beneficiarios a lo largo del tiempo?
Rene: Vemos niños que llegaron aquí con 5 o 6 años y hoy están en la universidad o siguiendo nuevos caminos. Algunos de esos jóvenes, incluso, volvieron como voluntarios; percibimos cambios en los hábitos y en la forma como niños, jóvenes, mujeres y personas mayores pasan a ver el futuro.
Creo que el mayor impacto es justamente ese, hacer que las personas vuelvan a soñar y a tener nuevas perspectivas de vida. La percepción también aparece entre las familias atendidas.
Coluna da Neuza: ¿Qué representó la conquista de la sede propia para el colectivo O Parque é Nosso?
Suellen: Nuestra mayor victoria es tener el espacio. Estar en una sede propia, sin pagar alquiler, es una conquista muy importante para nosotros, pero también queremos aumentar nuestros ingresos para ayudar a costear los gastos y lograr atender a más personas dentro de la favela. La cuestión financiera termina involucrando todas las áreas del proyecto.
Necesitamos recursos para el funcionamiento del trabajo, compra de materiales de limpieza, escolares y deportivos, para la regularización de los documentos como el CNPJ, que todavía no tenemos. Nuestro gran desafío es mantener la atención frente a la gran cantidad de personas que nos buscan.
Un espacio para construir otras historias
Donde un día hubo miedo, hoy los niños entran cargando pelotas, juguetes, libros y cuadernos. Las mujeres se encuentran para cuidar su cuerpo e intercambiar ideas entre sí; las personas mayores recuperan movimientos y retoman la convivencia; y jóvenes que llegaron pequeños vuelven adultos para ayudar a otros que están comenzando.
En un territorio constantemente recordado por las noticias de violencia, iniciativas como O Parque é Nosso ayudan a mostrar una parte del Complexo da Penha que no siempre llega al noticiero. Es la historia construida diariamente por quienes permanecen en el territorio, cuidan, educan, comparten conocimiento y crean caminos para que niños y jóvenes puedan imaginar otras posibilidades para el futuro.
Arthur, de 11 años, alumno de 6º grado, practica fútbol y capoeira en el proyecto y cuenta que las actividades tuvieron impacto en su rutina. “Estar aquí me ayuda a tener otras actividades y a no quedarme solo en el celular. También conocí más amigos y pasé a ocupar mejor mi tiempo. Desde que entré al proyecto, me volví más ágil, más despierto y aprendí a tener más disciplina.”
Ítalo Miguel, también de 11 años y alumno de 6º grado, participa en el proyecto hace cuatro años y dice que las clases de refuerzo escolar lo ayudaron en la escuela. “Hago capoeira, fútbol, refuerzo escolar y poesía. Percibo que me volví más ágil y disciplinado. También mejoré mis reflejos, y el refuerzo me ha ayudado bastante en la escuela, principalmente en la escritura.”
Para Bruna, de 24 años, madre de una de las niñas que participan en las actividades de fútbol, el proyecto también tiene un papel importante en la rutina de las familias. “El proyecto es muy importante porque ocupa el tiempo de los niños después de la escuela y evita que se queden sin actividad. También ayuda a alejarlos de situaciones e influencias negativas que forman parte de la realidad del lugar donde vivimos.”

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La Coluna da Neuza forma parte de Lupa do Bem, proyecto de Responsabilidad Social Corporativa de la agencia de comunicación Sherlock Communications.

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