Ashanti Perú: un espacio que defiende la cultura afroperuana y empodera a las personas a ser parte del cambio

En un país donde el racismo persiste, esta organización es formadora de regidores, activistas y jóvenes que exigen un lugar en los espacios de poder, con orgullo por su historia y raíces

Si nos remitimos a la historia, Ashanti es el nombre de un pueblo en Ghana que resistió con valentía más de 80 años de colonización británica. Esa demostración de amor propio y dignidad inspiró a un grupo de jóvenes afroperuanos que hoy, desde otra geografía, buscan reivindicar sus raíces africanas. 

En el presente, Ashanti Perú es una organización civil sin fines de lucro que, desde 2004, trabaja por el empoderamiento de jóvenes afroperuanos en situación de vulnerabilidad y exclusión. Su labor se enfoca en la defensa de los derechos humanos y en promover la participación política de estas juventudes desde un enfoque intercultural, buscando que tengan voz en los espacios de toma de decisiones. 

Marco Antonio Ramírez, actual presidente del Consejo Directivo de la organización, recuerda que a los 15 años era un adolescente con muchas dudas y dolor. Sufrió discriminación y burlas por su color de piel tanto en el colegio como en su barrio, espacios donde cualquier persona debería sentirse segura. “Me hicieron sentir diferente. Desde el dolor empecé a investigar, a buscar a jóvenes como yo y así encontré a Ashanti”. 

En la organización descubrió que ser afrodescendiente no es solo una categoría racial, sino una identidad cultural que habla de historia, de arte, de música, de memoria. “Entendí que hay más elementos que me constituyen como parte del pueblo afroperuano. Y eso trasciende el color de piel”, refiere. 

Escuela de liderazgos políticos con excelentes resultados 

En un país donde más de 828 mil personas se reconocen como afroperuanas —según el Censo Nacional de 2017, eso representa el 3,6% de la población mayor de 12 años—, Ashanti Perú se ha convertido en un espacio clave para la formación política y cultural de juventudes afrodescendientes. Uno de sus más destacados proyectos es la ‘Escuela de Formación de Líderes Afrodescendientes’ que dicta tres módulos en Lima: Identidad; Liderazgo; e Derechos Humanos y Participación Política. 

Si bien es cierto que las clases presenciales se dictan en la capital, los jóvenes beneficiados llegan de diferentes regiones como Lambayeque, Piura, Arequipa. “A nivel nacional tenemos 8 coordinadores regionales y cada uno tiene a cargo un grupo que en total suman 180 personas, desde Tumbes a Tacna, en toda la costa”, afirma Ramírez. 

Estos talleres se imparten durante ocho meses durante los viernes, sábados y domingos. Cada uno de los jóvenes tiene el deber de replicar estos proyectos en sus comunidades y colegios. De esta forma se construye esta red y lo que hacen es incidir con autoridades locales, municipales para promover ordenanzas, iniciativas de promoción y reconocimiento de la población afroperuana en sus distritos. 

Como resultado de la escuela de formación, en los últimos años Ashanti tuvo un alcalde en Mala, también regidores jóvenes -en su mayoría mujeres- en Chincha, Arequipa e incluso en la ciudad de Lima también tuvieron regidores afrodescendientes.  “Desde sus cargos promueven iniciativas con identidad que se interceptan con otras luchas que pueden ser feministas, LGTBI, con discapacidad que tienen foco intercultural, de igualdad y no discriminación”, añade Marco Antonio. 

Un gran ejemplo de ello es Rossmary Palma, actual regidora del distrito de El Carmen, en la provincia de Chincha (Ica) y exalumna de la escuela de formación de Ashanti Perú.

Rossmary precisa que, incluso desde su cargo público, la lucha contra el racismo estructural sigue siendo una batalla diaria. “Aún es difícil. He tenido que alzar la voz y hacerme respetar. Las personas afro todavía recibimos sobrenombres y enfrentamos estereotipos. Esta lucha no solo es externa, también es interna: debemos empoderarnos y reconocernos como lo que somos”, enfatiza.

Uno de los aprendizajes más significativos que le dejó su paso por Ashanti Perú fue el enfoque en la formación política con perspectiva afrodescendiente. “Aprendí sobre liderazgo e incidencia política. Gracias a eso pude participar en diferentes congresos y espacios de diálogo. Entendí que hacer política no es solo postular a un cargo: es decidir, actuar y transformar desde cualquier espacio”, reflexiona.

Finalmente pidió a los más jóvenes a nunca ocultarse. “Tenemos historia, cultura, resistencia. Somos parte de la construcción de esta nación y no podemos ocultarnos. Hagamos política desde todos los espacios, desde cada decisión que tomamos. Por eso es tan importante informarnos, participar y aprender a elegir”.

Proyectos que transforman

A lo largo de casi dos décadas, esta organización afrodescendiente ha desarrollado diversos proyectos. Además de la escuela, uno de sus espacios más simbólicos es la Biblioteca Afroperuana, ubicada en su centro comunitario en Lima, que alberga libros, archivos y material pedagógico sobre historia afroperuana, disponible para investigadores, docentes y jóvenes interesados en recuperar su memoria cultural. Desde ese mismo centro se producen contenidos para AfroTV.PE, una plataforma digital donde jóvenes comunican, debaten y visibilizan su identidad a través de formatos audiovisuales que no suelen tener cabida en los medios tradicionales.

A través de Voces Afrodescendientes de Poder, una escuela dirigida especialmente a mujeres jóvenes, se promueven herramientas de incidencia política con perspectiva afro y feminista, abordando temas clave como derechos sexuales y reproductivos, autonomía corporal, liderazgo comunitario y políticas públicas. En paralelo, el Área de Asistencia Legal y Acompañamiento Psicológico (ASLAP) brinda apoyo a personas afrodescendientes que han sido víctimas de discriminación racial. La propuesta es integral: sostener, cuidar y accionar frente a las violencias racistas.

Pero el activismo también se construye desde la economía. Perú Afroemprendedor impulsa la capacitación de jóvenes en gestión de negocios, identidad de marca y comercialización con enfoque cultural. Cada edición incluye ferias y espacios de venta que visibilizan el trabajo de emprendedores afroperuanos, muchos de ellos provenientes de regiones como Ica, Arequipa y Piura.

En las diferentes zonas donde tiene alcance Ashanti Perú, la ONG trabaja con adolescentes y jóvenes a través de ‘AfroActiva,’ un programa que ha instalado centros juveniles en distritos emblemáticos como El Carmen, Mala o Acarí, donde se promueve el liderazgo comunitario con enfoque de género, derechos y ciudadanía. Desde estos espacios también se impulsan réplicas locales de los aprendizajes, fomentando el diálogo directo con autoridades y tomadores de decisión.

Además, desde el Observatorio Ciudadano Afrodescendiente (OCAFRO), la organización monitorea y documenta casos de discriminación racial en el país, proponiendo reformas, campañas de sensibilización y políticas inclusivas.  

El legado del pueblo Ashanti no quedó en África ni en los libros de historia. Está en Lima, en El Carmen, en Villa El Salvador, en los rostros jóvenes que resisten, que gobiernan, que sueñan con un país más justo y equilibrado. En esta lucha siempre serán bienvenidos aquellos que quieran aportar de diferentes formas para hacer crecer a esta comunidad afroperuana.

¿Cómo apoyar?

Si quieres ser voluntario en Ashanti y conocer más de ellos visita sus redes sociales, en Facebook, Instagram y TikTok .

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Educação comunitária

O Parque é Nosso transforma un antiguo espacio policial en un lugar de educación y convivencia en la Penha

Creado en 2015, el colectivo actúa en el Complexo da Penha con educación, deporte, cultura y acciones de fortalecimiento comunitario para niños, jóvenes, mujeres y personas mayores.
En el Morro da Caixa d’Água, en el Complexo da Penha, Zona Norte de Río de Janeiro, un espacio que en el pasado fue asociado al miedo y a la violencia, hoy recibe a niños para refuerzo escolar, jóvenes para actividades deportivas y mujeres y personas mayores para prácticas de cuidado y convivencia.
Ahí es donde funciona la sede de O Parque é Nosso, colectivo creado en 2015 que, durante diez años, desarrolló sus actividades de forma itinerante por el territorio. Hace aproximadamente un año, el proyecto consiguió una sede y pasó a ocupar un inmueble que antes albergó un Destacamento de Policiamento Ostensivo (DPO), una pequeña unidad policial responsable del patrullaje de la región.
Según los directores del colectivo, Rene Júnio y Suellen Martins, el lugar carga recuerdos dolorosos para los residentes, quienes relatan episodios de violencia en el período en que el espacio funcionaba como unidad policial. La propuesta ahora es resignificar ese pasado y transformar el espacio en un punto de educación comunitaria, cultura, deporte, medio ambiente e integración entre los residentes locales.
Esta transformación ocurre en un territorio marcado también por la violencia armada. El 28 de octubre de 2025, los complejos de la Penha y del Alemão fueron escenario de la Operación Contenção, considerada la acción policial más letal de la historia del estado de Río de Janeiro.
Para quienes viven en el lugar, sin embargo, la historia no termina cuando una operación acaba. Permanecen los niños, las familias, las escuelas, los trabajadores y los proyectos sociales, que siguen abriendo sus puertas y construyendo posibilidades en medio de las dificultades.
En una conversación con los responsables, la Coluna da Neuza conoció más sobre el trabajo desarrollado, los resultados alcanzados a lo largo de los años y los desafíos para mantener y ampliar las actividades.
Coluna da Neuza: Suellen, ¿quién es atendido actualmente por O Parque é Nosso y qué actividades se ofrecen?
Suellen: Atendemos a niños y jóvenes de 5 a 16 años y mujeres de hasta 70 años. Buscamos fortalecer el vínculo con el territorio y ampliar horizontes de formación y ciudadanía por medio de capoeira, fútbol, juegos lúdico afectivos, danza, ejercicio funcional y yoga para mujeres, refuerzo escolar, apoyo psicológico y club de lectura. También realizamos encuentros, charlas, paseos culturales, de ocio y ambientales.
Uno de nuestros objetivos es evitar que los niños normalicen el comercio ilegal de drogas. Queremos que se desarrollen, reconozcan sus talentos y puedan tomar buenas decisiones, y que los resultados se puedan percibir entre los participantes. Algunos niños que pasaron por las actividades deportivas desarrollaron habilidades en el fútbol y hoy juegan en otros clubes. Otros mejoraron el desempeño escolar, mientras que las mujeres relataron beneficios para la salud por medio de las actividades físicas.
Coluna da Neuza: Rene, ¿cuál es hoy la principal demanda del colectivo?
Rene: Nuestra mayor demanda este año está en el área educativa. Tenemos niños de 13 y 14 años con mucha dificultad para leer y escribir y decidimos concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad, principalmente después de la última operación que sucedió aquí, que tuvo un impacto muy fuerte sobre los jóvenes y sus familias.
Queremos que esos adolescentes sigan soñando y pensando en el futuro. Hoy atendemos a 20 niños directamente en el refuerzo escolar y queremos llegar a 100, pero necesitamos recursos para contratar profesores, ofrecer apoyo económico y garantizar alimentación. Un niño aprende mejor cuando tiene alimentación adecuada y condiciones para concentrarse en los estudios.
Nuestra lucha es evitar que jóvenes, sin perspectivas y con dificultades de aprendizaje, terminen tomando decisiones equivocadas.
Coluna da Neuza: Aun con la conquista de una sede, ¿qué dificultades enfrenta todavía el colectivo para mantener las actividades?
Rene: Todavía enfrentamos dificultades financieras. Necesitamos recursos para materiales escolares, deportivos y de limpieza, mantenimiento del espacio, regularización documental y apoyo a los profesionales y voluntarios.
Coluna da Neuza: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes de la iniciativa?
Rene: Una de nuestras mayores necesidades es mantener a los voluntarios que actúan en los talleres. Nos gustaría poder ofrecer al menos un apoyo económico. También necesitamos mejorar la estructura del espacio para que los niños tengan más comodidad durante las actividades.
Ya tenemos entrenamientos funcionales para la tercera edad y yoga para las mujeres, además de rondas de conversación que ayudan a fortalecer esos grupos. Contar con más profesionales permitiría ampliar ese trabajo y atender mejor las necesidades de la comunidad.
Otra prioridad es ampliar la atención con psicólogos y profesionales que desarrollen actividades con las personas mayores. Después de la última incursión policial, percibimos cómo este episodio afectó a los niños, madres, padres y abuelos. Esas familias necesitan cuidado.
Coluna da Neuza: ¿Cuántas personas son atendidas actualmente?
Rene: Hoy atendemos a 197 personas, pero, a lo largo de la existencia del colectivo, ya alcanzamos cerca de 890 familias de tres comunidades del Complexo da Penha: los morros da Caixa d’Água, Sereno y da Paz. El impacto de una iniciativa social no siempre aparece de inmediato; muchas veces solo se vuelve visible mucho tiempo después.
Coluna da Neuza: ¿Qué resultado positivo has percibido en los beneficiarios a lo largo del tiempo?
Rene: Vemos niños que llegaron aquí con 5 o 6 años y hoy están en la universidad o siguiendo nuevos caminos. Algunos de esos jóvenes, incluso, volvieron como voluntarios; percibimos cambios en los hábitos y en la forma como niños, jóvenes, mujeres y personas mayores pasan a ver el futuro.
Creo que el mayor impacto es justamente ese, hacer que las personas vuelvan a soñar y a tener nuevas perspectivas de vida. La percepción también aparece entre las familias atendidas.
Coluna da Neuza: ¿Qué representó la conquista de la sede propia para el colectivo O Parque é Nosso?
Suellen: Nuestra mayor victoria es tener el espacio. Estar en una sede propia, sin pagar alquiler, es una conquista muy importante para nosotros, pero también queremos aumentar nuestros ingresos para ayudar a costear los gastos y lograr atender a más personas dentro de la favela. La cuestión financiera termina involucrando todas las áreas del proyecto.
Necesitamos recursos para el funcionamiento del trabajo, compra de materiales de limpieza, escolares y deportivos, para la regularización de los documentos como el CNPJ, que todavía no tenemos. Nuestro gran desafío es mantener la atención frente a la gran cantidad de personas que nos buscan.
Un espacio para construir otras historias
Donde un día hubo miedo, hoy los niños entran cargando pelotas, juguetes, libros y cuadernos. Las mujeres se encuentran para cuidar su cuerpo e intercambiar ideas entre sí; las personas mayores recuperan movimientos y retoman la convivencia; y jóvenes que llegaron pequeños vuelven adultos para ayudar a otros que están comenzando.
En un territorio constantemente recordado por las noticias de violencia, iniciativas como O Parque é Nosso ayudan a mostrar una parte del Complexo da Penha que no siempre llega al noticiero. Es la historia construida diariamente por quienes permanecen en el territorio, cuidan, educan, comparten conocimiento y crean caminos para que niños y jóvenes puedan imaginar otras posibilidades para el futuro.
Arthur, de 11 años, alumno de 6º grado, practica fútbol y capoeira en el proyecto y cuenta que las actividades tuvieron impacto en su rutina. “Estar aquí me ayuda a tener otras actividades y a no quedarme solo en el celular. También conocí más amigos y pasé a ocupar mejor mi tiempo. Desde que entré al proyecto, me volví más ágil, más despierto y aprendí a tener más disciplina.”
Ítalo Miguel, también de 11 años y alumno de 6º grado, participa en el proyecto hace cuatro años y dice que las clases de refuerzo escolar lo ayudaron en la escuela. “Hago capoeira, fútbol, refuerzo escolar y poesía. Percibo que me volví más ágil y disciplinado. También mejoré mis reflejos, y el refuerzo me ha ayudado bastante en la escuela, principalmente en la escritura.”
Para Bruna, de 24 años, madre de una de las niñas que participan en las actividades de fútbol, el proyecto también tiene un papel importante en la rutina de las familias. “El proyecto es muy importante porque ocupa el tiempo de los niños después de la escuela y evita que se queden sin actividad. También ayuda a alejarlos de situaciones e influencias negativas que forman parte de la realidad del lugar donde vivimos.”

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La Coluna da Neuza forma parte de Lupa do Bem, proyecto de Responsabilidad Social Corporativa de la agencia de comunicación Sherlock Communications.

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