Moverse sin barreras: la ONG que nació para garantizar el acceso de las personas con discapacidad

Se trata de la asociación civil Acceso Ya, que ofrece defensa jurídica para personas con movilidad reducida. Tiene 20 años de historia y lograron cerca de 900 acciones positivas para eliminar barreras. Entre las más frecuentes, se destacan las rampas, escaleras mecánicas y baños adaptados

Por Paula Galinsky

“A mis 27 años, me diagnosticaron distrofia muscular y mi vida cambió para siempre. Hasta ese momento, bajaba y subía corriendo las escaleras y jamás había pensado en la importancia que tiene una rampa para una persona con movilidad reducida”. Lo dice Eduardo Rodríguez (57), quien hace más de 25 años inició un reclamo por falta de accesibilidad en la estación Jorge Newbery del tren Urquiza, ubicada en Hurlingham, en la provincia de Buenos Aires.

Esa denuncia lo llevó a dar con la ONG Acceso Ya, que tiene como objetivo la inclusión de personas con discapacidad motriz o movilidad reducida a través de la defensa jurídica del derecho a la accesibilidad.

Desde esta asociación civil trabajan para promover la supresión de barreras arquitectónicas y generar campañas de sensibilización en esta línea.

Si bien Eduardo se presenta como damnificado, luego cuenta que hoy también, y tras mucho trabajo en conjunto, se transformó en voluntario de la ONG.

Según relata, después de su diagnóstico y durante tres años, entre 1997 y 2000, pudo caminar con muletas. Sin embargo, con el tiempo la enfermedad avanzó y debió empezar a usar una silla de ruedas motorizada.

Fue entonces que se topó con los primeros obstáculos, cuando quiso hacer cursos en un centro de formación ubicado en la localidad de Pablo Podestá. El tren lo dejaba perfecto pero la estación más cercana a su casa no estaba adaptada y, por esto, no podía utilizarlo.

“No estudiaba porque no podía viajar. No podía trabajar porque, lamentablemente, no podía llegar. Lo mismo me empezó a pasar cuando quise sumarme a las actividades de concientización como voluntario de Acceso Ya”, comenta.

Por esta razón comenzó un reclamo a la concesionaria de la Línea de Ferrocarril General Urquiza, para que construyeran una rampa en la estación Jorge Newbery.

“Algo tan simple pero bastante tedioso de conseguir: una rampa para poder subir a la estación de manera autónoma y segura, como lo establece la Ley Nacional de Accesibilidad (N° 24.314). Una rampa no solo para mí, sino también para los vecinos de avanzada edad, las mujeres embarazadas y los niños”, señala Eduardo.

La ONG

La accesibilidad consiste en que todas las personas tengan la posibilidad de utilizar los ámbitos públicos y privados para desarrollar sus potencialidades económicas, sociales, culturales e individuales. 

Desde Acceso Ya están convencidos de que el acceso a los espacios físicos es el punto de partida para ejercer derechos y libertades en igualdad de condiciones, vivir de manera independiente y alcanzar el desarrollo pleno de la personalidad.

María Josefina Macías, coordinadora de Acceso Ya, explica que buscan “generar conciencia social acerca de la importancia de ponerse en el lugar del otro y respetar el derecho al acceso al medio físico en condiciones de seguridad, comodidad y autonomía, así como también la posibilidad de permanencia tanto en lugares públicos como privados”.

La organización nace ante un caso de discriminación: en 2001, la línea aérea Southern Winds no permitió que pasajeros con discapacidad realizaran un vuelo dentro de Argentina por no contar con acompañantes. Se basaba en un manual de operaciones que, según confirmó la Justicia en 2004, contenía cláusulas discriminatorias, por lo que se ordenó su reemplazo inmediato.

Para que la Justicia llegara a esa conclusión, el damnificado tuvo que accionar, algo que no todos tienen la posibilidad de hacer. Este antecedente dejó en evidencia que las personas con discapacidad que no pueden acceder a un abogado están imposibilitadas de hacer efectivos sus derechos. Por ese motivo, se creó Acceso Ya, la única ONG de Argentina dedicada exclusivamente a la temática de la accesibilidad física.

La institución no persigue fines de lucro y trabaja en la temática desde hace más de 20 años sin recibir, hasta el momento, ningún tipo de fondo o subsidio estatal. Ya lograron cerca de 900 resultados positivos en distintos ámbitos de intervención, como escuelas, universidades, cines, teatros, veredas, edificios públicos y privados. Entre sus principales tareas, se destaca la mejora en las condiciones en el transporte.

El caso de Eduardo

Desde marzo del año 2019, Acceso Ya trabaja en una causa judicial para lograr la accesibilidad física en toda la línea del tren Urquiza. El reclamo incluye la estación Jorge Newbery.

En noviembre de ese año lograron una medida cautelar para que la concesionaria del servicio garantizara el acceso a la estación Jorge Newbery. Actualmente, los dos andenes cuentan con rampas.

Sin embargo, María Josefina aclara que la situación todavía no se resolvió: “Continuamos trabajando para que se presente un plan de obra que contemple a las otras estaciones que aún no cuentan con accesibilidad”. 

Sofía sigue esperando

En una lucha similar está Sofía Bernasconi (45). “A los 19 tuve una lesión medular por lo que utilizo una silla de ruedas para movilizarme.  Después de meses de rehabilitación tras mi accidente, me encontré con un montón de barreras arquitectónicas: veredas rotas, rampas rotas, lugares donde no había accesibilidad”, comparte.

“Hoy trabajo en una entidad bancaria y tengo que ir todos los días desde el barrio de Almagro hasta Plaza de Mayo, en el centro porteño. Este trayecto que podría durar 25 minutos en subte a mí me lleva más de una hora”, advierte.

Vive a dos cuadras de la estación Río de Janeiro de la línea A de subte, pero no puede utilizarla porque no se encuentra adaptada para usuarios de silla de ruedas. “No cuenta con ascensores ni con escaleras mecánicas en ninguno de sus ingresos. Por lo que debo tomarme un colectivo que tarda mucho más”, sostiene.

“Junto a Acceso Ya realizamos los reclamos correspondientes. Nos contestaron que las obras de adecuación de la estación están previstas en un plan de obra a 20 años. ¡Una locura!”, agrega y asegura que seguirán insistiendo.

Cómo ayudar

Para saber más sobre Acceso Ya y colaborar, se puede ingresar a https://accesoya.org.ar/. 

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Educação comunitária

O Parque é Nosso transforma un antiguo espacio policial en un lugar de educación y convivencia en la Penha

Creado en 2015, el colectivo actúa en el Complexo da Penha con educación, deporte, cultura y acciones de fortalecimiento comunitario para niños, jóvenes, mujeres y personas mayores.
En el Morro da Caixa d’Água, en el Complexo da Penha, Zona Norte de Río de Janeiro, un espacio que en el pasado fue asociado al miedo y a la violencia, hoy recibe a niños para refuerzo escolar, jóvenes para actividades deportivas y mujeres y personas mayores para prácticas de cuidado y convivencia.
Ahí es donde funciona la sede de O Parque é Nosso, colectivo creado en 2015 que, durante diez años, desarrolló sus actividades de forma itinerante por el territorio. Hace aproximadamente un año, el proyecto consiguió una sede y pasó a ocupar un inmueble que antes albergó un Destacamento de Policiamento Ostensivo (DPO), una pequeña unidad policial responsable del patrullaje de la región.
Según los directores del colectivo, Rene Júnio y Suellen Martins, el lugar carga recuerdos dolorosos para los residentes, quienes relatan episodios de violencia en el período en que el espacio funcionaba como unidad policial. La propuesta ahora es resignificar ese pasado y transformar el espacio en un punto de educación comunitaria, cultura, deporte, medio ambiente e integración entre los residentes locales.
Esta transformación ocurre en un territorio marcado también por la violencia armada. El 28 de octubre de 2025, los complejos de la Penha y del Alemão fueron escenario de la Operación Contenção, considerada la acción policial más letal de la historia del estado de Río de Janeiro.
Para quienes viven en el lugar, sin embargo, la historia no termina cuando una operación acaba. Permanecen los niños, las familias, las escuelas, los trabajadores y los proyectos sociales, que siguen abriendo sus puertas y construyendo posibilidades en medio de las dificultades.
En una conversación con los responsables, la Coluna da Neuza conoció más sobre el trabajo desarrollado, los resultados alcanzados a lo largo de los años y los desafíos para mantener y ampliar las actividades.
Coluna da Neuza: Suellen, ¿quién es atendido actualmente por O Parque é Nosso y qué actividades se ofrecen?
Suellen: Atendemos a niños y jóvenes de 5 a 16 años y mujeres de hasta 70 años. Buscamos fortalecer el vínculo con el territorio y ampliar horizontes de formación y ciudadanía por medio de capoeira, fútbol, juegos lúdico afectivos, danza, ejercicio funcional y yoga para mujeres, refuerzo escolar, apoyo psicológico y club de lectura. También realizamos encuentros, charlas, paseos culturales, de ocio y ambientales.
Uno de nuestros objetivos es evitar que los niños normalicen el comercio ilegal de drogas. Queremos que se desarrollen, reconozcan sus talentos y puedan tomar buenas decisiones, y que los resultados se puedan percibir entre los participantes. Algunos niños que pasaron por las actividades deportivas desarrollaron habilidades en el fútbol y hoy juegan en otros clubes. Otros mejoraron el desempeño escolar, mientras que las mujeres relataron beneficios para la salud por medio de las actividades físicas.
Coluna da Neuza: Rene, ¿cuál es hoy la principal demanda del colectivo?
Rene: Nuestra mayor demanda este año está en el área educativa. Tenemos niños de 13 y 14 años con mucha dificultad para leer y escribir y decidimos concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad, principalmente después de la última operación que sucedió aquí, que tuvo un impacto muy fuerte sobre los jóvenes y sus familias.
Queremos que esos adolescentes sigan soñando y pensando en el futuro. Hoy atendemos a 20 niños directamente en el refuerzo escolar y queremos llegar a 100, pero necesitamos recursos para contratar profesores, ofrecer apoyo económico y garantizar alimentación. Un niño aprende mejor cuando tiene alimentación adecuada y condiciones para concentrarse en los estudios.
Nuestra lucha es evitar que jóvenes, sin perspectivas y con dificultades de aprendizaje, terminen tomando decisiones equivocadas.
Coluna da Neuza: Aun con la conquista de una sede, ¿qué dificultades enfrenta todavía el colectivo para mantener las actividades?
Rene: Todavía enfrentamos dificultades financieras. Necesitamos recursos para materiales escolares, deportivos y de limpieza, mantenimiento del espacio, regularización documental y apoyo a los profesionales y voluntarios.
Coluna da Neuza: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes de la iniciativa?
Rene: Una de nuestras mayores necesidades es mantener a los voluntarios que actúan en los talleres. Nos gustaría poder ofrecer al menos un apoyo económico. También necesitamos mejorar la estructura del espacio para que los niños tengan más comodidad durante las actividades.
Ya tenemos entrenamientos funcionales para la tercera edad y yoga para las mujeres, además de rondas de conversación que ayudan a fortalecer esos grupos. Contar con más profesionales permitiría ampliar ese trabajo y atender mejor las necesidades de la comunidad.
Otra prioridad es ampliar la atención con psicólogos y profesionales que desarrollen actividades con las personas mayores. Después de la última incursión policial, percibimos cómo este episodio afectó a los niños, madres, padres y abuelos. Esas familias necesitan cuidado.
Coluna da Neuza: ¿Cuántas personas son atendidas actualmente?
Rene: Hoy atendemos a 197 personas, pero, a lo largo de la existencia del colectivo, ya alcanzamos cerca de 890 familias de tres comunidades del Complexo da Penha: los morros da Caixa d’Água, Sereno y da Paz. El impacto de una iniciativa social no siempre aparece de inmediato; muchas veces solo se vuelve visible mucho tiempo después.
Coluna da Neuza: ¿Qué resultado positivo has percibido en los beneficiarios a lo largo del tiempo?
Rene: Vemos niños que llegaron aquí con 5 o 6 años y hoy están en la universidad o siguiendo nuevos caminos. Algunos de esos jóvenes, incluso, volvieron como voluntarios; percibimos cambios en los hábitos y en la forma como niños, jóvenes, mujeres y personas mayores pasan a ver el futuro.
Creo que el mayor impacto es justamente ese, hacer que las personas vuelvan a soñar y a tener nuevas perspectivas de vida. La percepción también aparece entre las familias atendidas.
Coluna da Neuza: ¿Qué representó la conquista de la sede propia para el colectivo O Parque é Nosso?
Suellen: Nuestra mayor victoria es tener el espacio. Estar en una sede propia, sin pagar alquiler, es una conquista muy importante para nosotros, pero también queremos aumentar nuestros ingresos para ayudar a costear los gastos y lograr atender a más personas dentro de la favela. La cuestión financiera termina involucrando todas las áreas del proyecto.
Necesitamos recursos para el funcionamiento del trabajo, compra de materiales de limpieza, escolares y deportivos, para la regularización de los documentos como el CNPJ, que todavía no tenemos. Nuestro gran desafío es mantener la atención frente a la gran cantidad de personas que nos buscan.
Un espacio para construir otras historias
Donde un día hubo miedo, hoy los niños entran cargando pelotas, juguetes, libros y cuadernos. Las mujeres se encuentran para cuidar su cuerpo e intercambiar ideas entre sí; las personas mayores recuperan movimientos y retoman la convivencia; y jóvenes que llegaron pequeños vuelven adultos para ayudar a otros que están comenzando.
En un territorio constantemente recordado por las noticias de violencia, iniciativas como O Parque é Nosso ayudan a mostrar una parte del Complexo da Penha que no siempre llega al noticiero. Es la historia construida diariamente por quienes permanecen en el territorio, cuidan, educan, comparten conocimiento y crean caminos para que niños y jóvenes puedan imaginar otras posibilidades para el futuro.
Arthur, de 11 años, alumno de 6º grado, practica fútbol y capoeira en el proyecto y cuenta que las actividades tuvieron impacto en su rutina. “Estar aquí me ayuda a tener otras actividades y a no quedarme solo en el celular. También conocí más amigos y pasé a ocupar mejor mi tiempo. Desde que entré al proyecto, me volví más ágil, más despierto y aprendí a tener más disciplina.”
Ítalo Miguel, también de 11 años y alumno de 6º grado, participa en el proyecto hace cuatro años y dice que las clases de refuerzo escolar lo ayudaron en la escuela. “Hago capoeira, fútbol, refuerzo escolar y poesía. Percibo que me volví más ágil y disciplinado. También mejoré mis reflejos, y el refuerzo me ha ayudado bastante en la escuela, principalmente en la escritura.”
Para Bruna, de 24 años, madre de una de las niñas que participan en las actividades de fútbol, el proyecto también tiene un papel importante en la rutina de las familias. “El proyecto es muy importante porque ocupa el tiempo de los niños después de la escuela y evita que se queden sin actividad. También ayuda a alejarlos de situaciones e influencias negativas que forman parte de la realidad del lugar donde vivimos.”

Para más información, sigue y ponte en contacto con el colectivo en Instagram.
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La Coluna da Neuza forma parte de Lupa do Bem, proyecto de Responsabilidad Social Corporativa de la agencia de comunicación Sherlock Communications.

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