Construyendo un futuro sostenible para el turismo y las comunidades del Pacífico colombiano

Una batalla silenciosa se libra desde 2014, liderada por la Fundación Ecopazífico, que lucha por devolver la vida y la dignidad a unas playas que una vez estuvieron al borde del colapso

Por Oscar Segura

El nacimiento de una misión

Rommy Schreiber, socia fundadora de Ecopazífico, no sabía que su vida cambiaría radicalmente cuando visitó por primera vez las playas de Juanchaco. Esta franja costera, de aproximadamente un kilómetro de extensión, estaba ahogada en basura. 

Era un contraste desgarrador: en medio de la inmundicia, las majestuosas ballenas aún acudían a dar a luz. Pero el espectáculo de la vida natural en todo su esplendor era opacado por el mar de residuos que cubría la arena. “Sentí una tristeza profunda”, recuerda Rommi. “Ver a la comunidad viviendo entre desechos, y nadie hacía nada al respecto.”

Rommi, con su alma de artista y viajera, encontró en ese desastre una chispa de inspiración. ¿Y si el arte pudiera ser la clave para revertir la situación? ¿Y si los residuos pudieran transformarse en algo más que basura? Así, con una mezcla de esperanza y determinación, nació Ecopazífico, una fundación dedicada a la limpieza de playas y la creación de conciencia ambiental a través del reciclaje sostenible.

El compromiso sostenible con las playas

El primer desafío de Ecopazífico fue establecer un sistema de reciclaje en un territorio selvático, donde la naturaleza impone sus propias reglas. Juanchaco, Ladrilleros y La Barra, tres comunidades enclavadas en esta costa, se convirtieron en los puntos focales de un proyecto ambicioso. Pero la tarea no era fácil. Para llegar allí, los voluntarios debían atravesar un mar traicionero en pequeñas lanchas, enfrentándose no sólo a las inclemencias del clima sino también a amenazas como el dengue, la malaria, y la fauna venenosa.

Además, este es un territorio marcado por el narcotráfico, una sombra que ha plagado a Colombia por décadas. A pesar de los desafíos, Ecopazífico encontró protección en la Fuerza Armada de Colombia y en la propia comunidad. La confianza y el respeto mutuo se convirtieron en pilares fundamentales, incluso cuando el gobierno fue negligente en sus responsabilidades.

El reciclaje como un arte 

En septiembre de 2014, Ecopazífico dio sus primeros pasos con un grupo de niños, quienes ayudaron a limpiar la playa mientras aprendían sobre la importancia del reciclaje. Los desechos plásticos, que antes eran simples residuos, ahora tenían un nuevo nombre: Maparé, que significa “material para revivir”. Con ellos, los niños creaban juguetes, títeres y obras de arte, transformando el concepto de basura en una herramienta educativa.

“Lo esencial es no prometer cosas materiales”, explica Rommi. “La gente no cuida lo que no ha luchado por obtener. Regalar conocimiento y experiencia es lo que realmente empodera a la comunidad.”

Un impulso que es tangible día tras día 

El esfuerzo de Ecopazífico culminó en la construcción del primer Centro de Reciclaje en Juanchaco, un espacio co-creado con la comunidad para mitigar la contaminación y fomentar una economía circular. Pero la fundación no se detuvo allí. Con el apoyo de la Universidad Nacional y otras organizaciones, también se estableció el primer Centro de Permacultura de la costa colombiana, donde se desarrollan proyectos para desalinizar el agua y acelerar el proceso de recolección de residuos.

En los primeros 8 años de trabajo de la Fundación Ecopazifico, entre 2014 hasta 2022, en las playas de Juanchaco, Ladrilleros y La Barra; todas del pacífico colombiano, se ha logrado la recolección de 11 toneladas de residuos sólidos que han sido recuperadas con un trabajo de reciclaje de toda la comunidad.

Durante estas recolecciones se han involucrado, a lo largo del tiempo, un total de 5 consejos comunitarios, que trabajaron en 8 playas seleccionadas con las cuales se ha trabajado para garantizar que los residuos que llegan a las playas entran en un esquema de economía circular, educación ambiental y todo lo relacionado con emprendimientos que gestionan los residuos que llegan a las playas a diario.

Un camino lleno de desafíos

Sin embargo, no todo ha sido fácil. A medida que la fundación crecía, también lo hacían los desafíos. Conseguir recursos económicos se ha convertido en una tarea ardua, especialmente cuando los voluntarios, antes dispuestos a ayudar sin compensación, comenzaron a requerir retribución económica. Además, las dificultades logísticas en estos territorios remotos, sumadas a la inseguridad y los paros nacionales, han puesto a prueba la resiliencia de Ecopazífico.

Pero a través de la fuerza que han tomado las distintas iniciativas de reciclaje de las comunidades y el trabajo de concientización en las comunidades, que ya cumple 10 años, ha logrado que los habitantes de las tres playas comprendan la importancia y magnitud de proteger su entorno, el ecosistema,la flora y fauna del lugar para que cada día se sumen más voluntarios. 

Por otra parte, a lo largo de estos años, Ecopazifico ha logrado establecer innumerables alianzas con entidades gubernamentales como el Ministerio de Medio Ambiente, organizaciones transnacionales que protegen el medio ambiente y aportantes que ven en estas iniciativas una nueva oportunidad de crecimiento y recuperación para el Pacífico Colombiano. Así han logrado fortalecer los recursos que entran a la Fundación y empezar a sostener las distintas iniciativas que se vienen desarrollando. El reto sigue pero cada día se suman más aportantes y voluntarios.

El legado de Ecopazífico

Hoy en día, Juanchaco se ha transformado en un destino turístico con más hostales y planes turísticos, gracias en gran parte al trabajo incansable de Ecopazífico. La comunidad ha adoptado el reciclaje como parte de su cultura, y otras fundaciones han seguido su ejemplo, activándose en diferentes puntos del territorio.

“A pesar de todo, me siento emocionada y alegre por lo que hemos logrado”, confiesa Rommi. “Nuestra forma de hacer las cosas ha mejorado, y nuestro recurso humano se ha fortalecido. Ahora, con el primer Centro de Permacultura en marcha, sentimos que estamos construyendo un futuro sostenible para esta región.”

El legado de Ecopazífico es más que un simple esfuerzo por limpiar playas; es un movimiento que ha inspirado a comunidades enteras a reconsiderar su relación con el medio ambiente. En un lugar donde la necesidad es apremiante y las oportunidades son escasas, Ecopazífico ha demostrado que con determinación, creatividad y el apoyo de la comunidad, es posible construir un futuro más limpio y sostenible.

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Educação comunitária

O Parque é Nosso transforma un antiguo espacio policial en un lugar de educación y convivencia en la Penha

Creado en 2015, el colectivo actúa en el Complexo da Penha con educación, deporte, cultura y acciones de fortalecimiento comunitario para niños, jóvenes, mujeres y personas mayores.
En el Morro da Caixa d’Água, en el Complexo da Penha, Zona Norte de Río de Janeiro, un espacio que en el pasado fue asociado al miedo y a la violencia, hoy recibe a niños para refuerzo escolar, jóvenes para actividades deportivas y mujeres y personas mayores para prácticas de cuidado y convivencia.
Ahí es donde funciona la sede de O Parque é Nosso, colectivo creado en 2015 que, durante diez años, desarrolló sus actividades de forma itinerante por el territorio. Hace aproximadamente un año, el proyecto consiguió una sede y pasó a ocupar un inmueble que antes albergó un Destacamento de Policiamento Ostensivo (DPO), una pequeña unidad policial responsable del patrullaje de la región.
Según los directores del colectivo, Rene Júnio y Suellen Martins, el lugar carga recuerdos dolorosos para los residentes, quienes relatan episodios de violencia en el período en que el espacio funcionaba como unidad policial. La propuesta ahora es resignificar ese pasado y transformar el espacio en un punto de educación comunitaria, cultura, deporte, medio ambiente e integración entre los residentes locales.
Esta transformación ocurre en un territorio marcado también por la violencia armada. El 28 de octubre de 2025, los complejos de la Penha y del Alemão fueron escenario de la Operación Contenção, considerada la acción policial más letal de la historia del estado de Río de Janeiro.
Para quienes viven en el lugar, sin embargo, la historia no termina cuando una operación acaba. Permanecen los niños, las familias, las escuelas, los trabajadores y los proyectos sociales, que siguen abriendo sus puertas y construyendo posibilidades en medio de las dificultades.
En una conversación con los responsables, la Coluna da Neuza conoció más sobre el trabajo desarrollado, los resultados alcanzados a lo largo de los años y los desafíos para mantener y ampliar las actividades.
Coluna da Neuza: Suellen, ¿quién es atendido actualmente por O Parque é Nosso y qué actividades se ofrecen?
Suellen: Atendemos a niños y jóvenes de 5 a 16 años y mujeres de hasta 70 años. Buscamos fortalecer el vínculo con el territorio y ampliar horizontes de formación y ciudadanía por medio de capoeira, fútbol, juegos lúdico afectivos, danza, ejercicio funcional y yoga para mujeres, refuerzo escolar, apoyo psicológico y club de lectura. También realizamos encuentros, charlas, paseos culturales, de ocio y ambientales.
Uno de nuestros objetivos es evitar que los niños normalicen el comercio ilegal de drogas. Queremos que se desarrollen, reconozcan sus talentos y puedan tomar buenas decisiones, y que los resultados se puedan percibir entre los participantes. Algunos niños que pasaron por las actividades deportivas desarrollaron habilidades en el fútbol y hoy juegan en otros clubes. Otros mejoraron el desempeño escolar, mientras que las mujeres relataron beneficios para la salud por medio de las actividades físicas.
Coluna da Neuza: Rene, ¿cuál es hoy la principal demanda del colectivo?
Rene: Nuestra mayor demanda este año está en el área educativa. Tenemos niños de 13 y 14 años con mucha dificultad para leer y escribir y decidimos concentrar nuestros esfuerzos en esa necesidad, principalmente después de la última operación que sucedió aquí, que tuvo un impacto muy fuerte sobre los jóvenes y sus familias.
Queremos que esos adolescentes sigan soñando y pensando en el futuro. Hoy atendemos a 20 niños directamente en el refuerzo escolar y queremos llegar a 100, pero necesitamos recursos para contratar profesores, ofrecer apoyo económico y garantizar alimentación. Un niño aprende mejor cuando tiene alimentación adecuada y condiciones para concentrarse en los estudios.
Nuestra lucha es evitar que jóvenes, sin perspectivas y con dificultades de aprendizaje, terminen tomando decisiones equivocadas.
Coluna da Neuza: Aun con la conquista de una sede, ¿qué dificultades enfrenta todavía el colectivo para mantener las actividades?
Rene: Todavía enfrentamos dificultades financieras. Necesitamos recursos para materiales escolares, deportivos y de limpieza, mantenimiento del espacio, regularización documental y apoyo a los profesionales y voluntarios.
Coluna da Neuza: ¿Cuáles son las necesidades más urgentes de la iniciativa?
Rene: Una de nuestras mayores necesidades es mantener a los voluntarios que actúan en los talleres. Nos gustaría poder ofrecer al menos un apoyo económico. También necesitamos mejorar la estructura del espacio para que los niños tengan más comodidad durante las actividades.
Ya tenemos entrenamientos funcionales para la tercera edad y yoga para las mujeres, además de rondas de conversación que ayudan a fortalecer esos grupos. Contar con más profesionales permitiría ampliar ese trabajo y atender mejor las necesidades de la comunidad.
Otra prioridad es ampliar la atención con psicólogos y profesionales que desarrollen actividades con las personas mayores. Después de la última incursión policial, percibimos cómo este episodio afectó a los niños, madres, padres y abuelos. Esas familias necesitan cuidado.
Coluna da Neuza: ¿Cuántas personas son atendidas actualmente?
Rene: Hoy atendemos a 197 personas, pero, a lo largo de la existencia del colectivo, ya alcanzamos cerca de 890 familias de tres comunidades del Complexo da Penha: los morros da Caixa d’Água, Sereno y da Paz. El impacto de una iniciativa social no siempre aparece de inmediato; muchas veces solo se vuelve visible mucho tiempo después.
Coluna da Neuza: ¿Qué resultado positivo has percibido en los beneficiarios a lo largo del tiempo?
Rene: Vemos niños que llegaron aquí con 5 o 6 años y hoy están en la universidad o siguiendo nuevos caminos. Algunos de esos jóvenes, incluso, volvieron como voluntarios; percibimos cambios en los hábitos y en la forma como niños, jóvenes, mujeres y personas mayores pasan a ver el futuro.
Creo que el mayor impacto es justamente ese, hacer que las personas vuelvan a soñar y a tener nuevas perspectivas de vida. La percepción también aparece entre las familias atendidas.
Coluna da Neuza: ¿Qué representó la conquista de la sede propia para el colectivo O Parque é Nosso?
Suellen: Nuestra mayor victoria es tener el espacio. Estar en una sede propia, sin pagar alquiler, es una conquista muy importante para nosotros, pero también queremos aumentar nuestros ingresos para ayudar a costear los gastos y lograr atender a más personas dentro de la favela. La cuestión financiera termina involucrando todas las áreas del proyecto.
Necesitamos recursos para el funcionamiento del trabajo, compra de materiales de limpieza, escolares y deportivos, para la regularización de los documentos como el CNPJ, que todavía no tenemos. Nuestro gran desafío es mantener la atención frente a la gran cantidad de personas que nos buscan.
Un espacio para construir otras historias
Donde un día hubo miedo, hoy los niños entran cargando pelotas, juguetes, libros y cuadernos. Las mujeres se encuentran para cuidar su cuerpo e intercambiar ideas entre sí; las personas mayores recuperan movimientos y retoman la convivencia; y jóvenes que llegaron pequeños vuelven adultos para ayudar a otros que están comenzando.
En un territorio constantemente recordado por las noticias de violencia, iniciativas como O Parque é Nosso ayudan a mostrar una parte del Complexo da Penha que no siempre llega al noticiero. Es la historia construida diariamente por quienes permanecen en el territorio, cuidan, educan, comparten conocimiento y crean caminos para que niños y jóvenes puedan imaginar otras posibilidades para el futuro.
Arthur, de 11 años, alumno de 6º grado, practica fútbol y capoeira en el proyecto y cuenta que las actividades tuvieron impacto en su rutina. “Estar aquí me ayuda a tener otras actividades y a no quedarme solo en el celular. También conocí más amigos y pasé a ocupar mejor mi tiempo. Desde que entré al proyecto, me volví más ágil, más despierto y aprendí a tener más disciplina.”
Ítalo Miguel, también de 11 años y alumno de 6º grado, participa en el proyecto hace cuatro años y dice que las clases de refuerzo escolar lo ayudaron en la escuela. “Hago capoeira, fútbol, refuerzo escolar y poesía. Percibo que me volví más ágil y disciplinado. También mejoré mis reflejos, y el refuerzo me ha ayudado bastante en la escuela, principalmente en la escritura.”
Para Bruna, de 24 años, madre de una de las niñas que participan en las actividades de fútbol, el proyecto también tiene un papel importante en la rutina de las familias. “El proyecto es muy importante porque ocupa el tiempo de los niños después de la escuela y evita que se queden sin actividad. También ayuda a alejarlos de situaciones e influencias negativas que forman parte de la realidad del lugar donde vivimos.”

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La Coluna da Neuza forma parte de Lupa do Bem, proyecto de Responsabilidad Social Corporativa de la agencia de comunicación Sherlock Communications.

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