El proyecto surgió antes de la pandemia y hoy forma parte de redes comunitarias, articulando salud, educación y políticas públicas en los territorios
Favela Terapia nació de una profunda inquietud compartida por tres jóvenes psicólogos graduados de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ): Gabriella Pacífico, Grazielle Nogueira y Leandro Mendonça. Habitantes de la Baixada Fluminense y del Complexo da Penha, durante su formación universitaria percibieron una enorme distancia entre la psicología y los territorios populares.
La salud mental sigue siendo tratada como un tema elitista, inaccesible, distante y, muchas veces, estigmatizado en las favelas y periferias. De esa incomodidad, que ellos describen como “una inquietud de estudiantes”, nació la semilla del proyecto en 2019, incluso antes de que la pandemia convirtiera el tema en una prioridad aún más urgente.
La iniciativa comenzó de manera espontánea, como una conversación entre amigos en el Parque Madureira, cuando Grazielle invitó a sus colegas a reflexionar sobre cómo podían acercar los aprendizajes adquiridos en la universidad a las realidades de las que provenían. La pregunta que los impulsaba era sencilla y poderosa: ¿cómo hablar de salud mental con quienes nunca han tenido acceso a ese tipo de atención? “La psicología necesita acercarse a la gente, necesita acercarse al pueblo, necesita acercarse a las favelas”, afirma.

Desde las primeras intervenciones en territorios como Jacarezinho y, posteriormente, Maré, encontraron un escenario marcado por la violencia estatal, la ausencia de políticas públicas y la falta de servicios de salud mental. Sin embargo, la recepción de los habitantes fue cálida desde el principio. Los encuentros siempre comenzaban con una pregunta sencilla: “¿Qué significa la salud mental para ustedes?”.
A partir de ahí surgían conversaciones profundas que revelaban tanto el estigma que rodea al tema como las propias estrategias de cuidado que ya existían dentro de la comunidad. Los encuentros funcionaban como espacios de escucha activa, intercambio y acogida, sin lenguaje académico y buscando romper con la jerarquía entre quien cuida y quien recibe el cuidado.
Con el tiempo, los integrantes comprendieron que, para muchos participantes, Favela Terapia representaba el primer contacto de sus vidas con un servicio relacionado con la salud mental. Ese dato reforzó la urgencia del trabajo y la necesidad de desmitificar el tema.
El colectivo se consolidó no como un servicio clínico, sino como una articulación comunitaria comprometida con presentar la salud mental como un derecho constitucional. Y más que hablar del sufrimiento, buscan destacar el potencial de la vida en estos territorios. Cada favela tiene sus propias historias, familias, formas de convivencia y redes de apoyo. Entrar en esos espacios, afirman, exige respeto, escucha y la decisión de no reducirlos únicamente a lugares de violencia o carencias.

Las barreras para acceder a la salud mental, explican, son múltiples. Incluyen el deterioro de los servicios públicos, la dificultad física para llegar a centros de salud ubicados fuera de las favelas, el racismo estructural, la LGBTI+fobia y, además, modelos tradicionales de la psicología que no dialogan con la realidad de las periferias.
Muchos habitantes relatan experiencias de violencia durante la atención psicológica, lo que genera traumas que les impiden volver a buscar ayuda. “Hay personas que buscan atención y sufren discriminación por parte del propio profesional. Eso genera traumas y las aleja de los servicios de salud mental”, señala Leandro.
Otra barrera es la propia vida cotidiana, marcada por los operativos policiales y la inseguridad. “¿Cómo una abuela no va a sentir ansiedad al ver a su nieto ir a la escuela sabiendo que, pocos días antes, un joven de la misma edad murió durante un operativo policial?”, cuestiona Grazielle. Ese tipo de situaciones cotidianas, explican, es una parte inseparable de la salud mental en las favelas.
Aun así, el trabajo nunca fue entendido únicamente como una intervención. También nace del intercambio. Gabi, Grazi y Leandro insisten en que no ocupan la posición tradicional del “profesional inmune al sufrimiento”. Ellos también viven en territorios atravesados por la misma violencia que afecta a las personas con las que trabajan, y acompañar a otros también los atraviesa. Para ellos, Favela Terapia es una red de cuidado mutuo.
Con el paso de los años, el colectivo también fue convocado para actuar en situaciones de crisis y recibió invitaciones para participar en eventos como LED — Líderes en Educación, organizado por TV Globo. Estas invitaciones reflejan el reconocimiento alcanzado por un trabajo cuyo principal compromiso, desde el inicio, ha sido la legitimidad y la escucha sensible.

Más recientemente, Favela Terapia colaboró con el proyecto Cria Saúde, de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), que forma articuladores comunitarios para reflexionar sobre la vigilancia en salud y la producción de datos en las favelas. Según explican, Fiocruz siempre ha sido una institución que ha apoyado al colectivo.
En esa colaboración presentaron problemáticas urgentes planteadas por los propios agentes comunitarios, como el miedo cotidiano relacionado con la violencia y el deterioro de la salud provocado por la ausencia de políticas públicas estructurales en los territorios. “Es imposible no enfermar viviendo con la posibilidad de que ocurra un operativo policial en cualquier momento”, resume Grazielle.
Actualmente, Favela Terapia está integrado por tres personas y enfrenta las limitaciones operativas típicas de los proyectos independientes. Al no contar con personalidad jurídica (CNPJ), trabajan principalmente a través de convocatorias públicas o invitaciones directas de instituciones presentes en los propios territorios.
Los tres desarrollan, además, sus propias carreras y procesos de formación profesional, lo que hace que el ritmo de las actividades sea más orgánico, aunque constante, especialmente en lugares donde ya han construido vínculos, como Jacarezinho y Maré. “Seguimos adelante porque sabemos que este trabajo marca una diferencia”, comenta Gabi.
Finalmente, los tres reconocen que contar con un sitio web sería fundamental para ampliar el alcance de Favela Terapia y facilitar que el público conozca el trabajo que realizan. Una idea que antes parecía lejana ahora surge como el siguiente paso posible, especialmente por la importancia de registrar, sistematizar y dar visibilidad a una iniciativa que, desde hace cinco años, lleva cuidado, información y dignidad a territorios donde el Estado suele estar ausente. “La visibilidad también es una forma de cuidado”, concluye Leandro.





